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Análisis: A Hat in Time

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Análisis: A Hat in Time

El hype es, de lejos, el virus más letal de la industria del videojuego. Si se propaga, es capaz de infectar a juegos notables y convertirlos en absolutas decepciones. Muy pocos sobreviven a las expectativas, ilusiones con el potencial de relanzar una saga olvidada o, especialmente, condenarla al más humillante ostracismo. The Legend of Zelda: Breath of the Wild o Super Mario Odyssey son excepciones; predominan los hijos del hype.

A veces, los propios creadores son quienes lo fomentan, como ocurrió con Mighty No. 9. El de Inafune es un juego mediocre, pero tornó en aborto pixelado al postularse como sucesor espiritual de Mega Man. En otras ocasiones, la nostalgia de los fans quema a títulos que terminan consumidos por las llamas del hype. Pienso en Yooka-Laylee, al que le hubiera ido mejor sin la etiqueta de heredero espiritual de Banjo-Kazooie.

Por eso me alegra tanto descubrir pequeñas joyas ajenas al hype masivo y desmedido. Me reconforta que existan desarrollos que llegan al lanzamiento sin hacer demasiado ruido para, una vez se los conoce, romper esquemas por méritos propios. No sabéis cuánto me congratula que A Hat in Time consiguiera zafarse del hype. Llegó a mí sin ser heredero de nadie, pero ha conseguido dejar un legado inolvidable.

Análisis: A Hat in Time

Y era complicado, porque de haber gozado de la misma atención que Yooka-Laylee, a A Hat in Time se le hubieran puesto las mismas etiquetas. Los titulares del tipo “el sucesor de Super Mario 64” no se hubieran hecho de rogar. Claro que existen similitudes evidentes, pero eso no es excusa para equiparar a un indie con uno de los mejores videojuegos triple A de la historia del medio. Pero el hype no tiene criterio. Por suerte, Gears for Breakfast supo alejarse del ruido mediático para brindarnos el que es, tras Odyssey, el mejor plataformas 3D del último lustro.

La opera prima de Gears for Breakfast empieza, como no puede ser de otro modo, apelando a la nostalgia. Empero, tras la morriña que generan los primeros niveles, uno descubre un título vivo y profundo que trasciende el homenaje. El aspecto que más valoro en A Hat in Time es la libertad total que ofrece —dentro del esquema de los títulos de Nintendo 64—. Aunque es un juego compuesto por misiones breves y con objetivos concretos, la protagonista puede recorrer el escenario sin impedimento alguno, como si de un gran campo de entrenamiento se tratara. Ese toque sandbox se complementa a la perfección con multitud de misiones secundarias y coleccionables para el que quiera ir más allá de la historia principal.

Análisis: A Hat in Time

Los mundos de A Hat in Time son un paradigma de riqueza y jugabilidad. Primero, porque los niveles cambian notablemente en función de la misión que escojamos. Segundo, porque desbloquear nuevos sombreros otorga nuevas habilidades a la protagonista y, por ende, nuevas formas de afrontar las fases. Al terminar la aventura, sigue valiendo la pena regresar a un inicio que siempre depara sorpresas. A Hat in Time no necesita miles de mundos, sino que sabe cómo enriquecer los que componen tan maravillosa aventura.

Gears for Breakfast también cumple con una de mis exigencias para con los sandbox plataformeros: apostar por la dificultad dinámica. A Hat in Time es un título relativamente asequible, pero no se olvida de los jugadores más exigentes. Para ellos reserva desafíos complejos que no arruinan la experiencia del público menos ducho. Mi yo pueril hubiera gozado muchísimo de este indie, pero también puedo hacerlo ahora, con más bagaje y capacidad crítica. No necesita un selector de dificultad porque es el propio jugador quien adapta el reto a sus opciones.

Análisis: A Hat in Time

Saltar, puro y fluido deleite, permite exprimir un mundo que incentiva la curiosidad constantemente. Las distintas pruebas son el fin, pero los coleccionables son el medio para hallarlas. Dispuestos de forma orgánica e inteligente, devienen en una satisfacción doble: la que proporciona hallarlos y la que da encontrar nuevos desafíos.

Hay que valorar A Hat in Time como lo que es, un debut sorprendente. Esa condición hace que duela un poco menos percatarse de que el título podría haber dado más de sí. Por ejemplo, con una historia que se sienta menos como un relleno y más como un valor añadido. Sin embargo, estoy convencido de que lo hará. Bien en forma de DLC, bien con una secuela.

Hasta entonces, Gears for Breakfast nos ha regalado una genial aventura de plataformas 3D. A Hat in Time, para nuestro gozo, sobrevivió al hype y supo trascender la categoría de mera pleitesía a los clásicos de los 64 bits. Es una idealización del género; el plataformeo visto con los ojos de un niño. No puedo sino quitarme el sombrero.

Jugado en: Playstation 4
Desarrollador: Gears for Breakfast
Nota: 8

8