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Análisis: A Hole New World

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Apenas he jugado títulos retro, pero sé de su importancia. Para apreciar clásicos modernos como The Legend of Zelda: Breath of the Wild, como crítico y como videojugador, es innegociable nutrirme de sus predecesores. No obstante, al contrario que con las películas, libros, discos o cuadros, es difícil encontrar copias físicas de según qué títulos y el mercado digital —legal— no sacia la sed de obras en 8 o 16 bits. Ante esas carencias, el indie dev brinda respuestas en forma de nuevos iconos reminiscentes de juegos pasados. Moderniza los clásicos para que, sin caer en las lógicas de los remakes y las remasterizaciones, el jugador actual entienda sus virtudes a través de nuevas IPs. Precisamente, uno de los mejores ejemplos de esta voluntad por remozar la nostalgia es A Hole New World.

Análisis: A Hole New World

La obra de Mad Gear Games es un metroidvania bidimensional basado en el sempiterno estilo de los títulos de Nintendo Entertainment System. Como en cualquier título del género que acuñaron Samus Aran y Simon Belmont, las plataformas y la acción son un componente clave de este indie español. Pero A Hole New World goza de una propuesta única: el Mundo Invertido. Justificado por el argumento, en el Lord Baduk usa el Orbe de la Oscuridad para unir el mundo del bien y el del mal, se trata de una versión decadente del escenario normal. Potion Master, el protagonista al que encarnamos, se desplaza por fases lineales alternando entre gravedades para salvar Versee.

Con el Mundo Invertido, Mad Gear Games subvierte su género y rompe con la idea platónica del plataformeo, esa que entiende que caer al abismo implica perder una vida y reiniciar el nivel. Esta lógica deviene en tres ventajas para el usuario. La más importante es que caerse no tiene castigo y el proceso de aprendizaje para medir los saltos es muy tolerante. La segunda virtud radica en que, salvo en momentos puntuales, es el propio jugador quien escoge qué ruta seguir. En ese sentido, el Mundo Invertido empodera al jugador para que, amén de elegir cuándo y hacia dónde moverse, saltar y atacar, también seleccione si ir por arriba o por abajo. El último beneficio que deriva de este universo paralelo es la originalidad con la que Mad Gear Games combina ambas dimensiones para progresar. Por ejemplo, saltar al vacío para rebasar un obstáculo por la inercia de la gravedad invertida y, al retornar al mundo original, adaptarse a la variación para evitar enemigos. Cuando A Hole New World encadena varias fases como la descrita, este indie torna en un placer lúdico reminiscente de los mejores plataformas de los años 80 y 90.

Análisis: A Hole New World

El uso de la gravedad como core mechanic no es nuevo en tanto que VVVVVV ya lo aplicó en 2010. Empero, en la obra de Cavanagh y Roth es el jugador quien modifica la gravedad a su antojo en cualquier parte mediante un botón, mientras que en A Hole New World el cambio gravitacional afecta a un espacio concreto con lógicas de diseño distintas. El Mundo Invertido es importante porque en él se concentra la idea de que A Hole New World moderniza —y no copia— las fórmulas nostálgicas. Como arcade lineal, tiene influencias claras de Mega Man y es imposible no pensar en las hachas de Castlevania al contemplar la parábola que trazan las pociones de Potion Master. Es fácil detectar sus referencias, pero adquiere identidad propia al adherir una mecánica diferencial.

A Hole New World se disfraza de retro en el diseño de niveles o los jefes finales, si bien ejecuta su mayor truco en aspectos como la dificultad o el apartado audiovisual. Antaño, centenares de videojuegos entendían la dificultad como una forma artificial de prolongar su vida útil. Por suerte, Mad Gear Games no tropieza con el bache de la dificultad injusta, salvo en excepciones como el jefe final del irritante nivel helado. A Hole New World no es excesivamente difícil; sí retante. Pero no imita la dificultad añeja, sino su recuerdo. El usuario siente que está a los mandos de una obra como las de antes, aunque el control esté más pulido que en la mayoría de juegos que idolatramos.

Sin embargo, el pilar sobre el que se cimenta su modernización de la nostalgia es el apartado artístico. Añoramos los clásicos por cómo los rememoramos, no porque apreciemos sus limitaciones gráficas y sonoras. Exponerse a calcos como Mighty Gunvolt Burst constituye un desagradable impacto de realidad que no todos soportan porque rompe su idealización de lo retro. Mad Gear Games lo sabe y ha creado una paleta de colores rica y una banda sonora que aprovecha bien los recursos actuales. No me suena haber jugado a producciones de NES que luzcan o suenen así.

A Hole New World apela a la pureza de la reminiscencia, no de la referencia. Uno disfruta de este indie español, además de por su calidad lúdica, porque nos traslada con maestría a un tiempo sin micropagos, DLCs o tiempos de instalación. Esta obra funciona porque no conecta con la realidad, sino con el ideal que de ella tenemos.

Jugado en: PC Windows
Desarrollador: Mad Gear Games
Nota: 8

8