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Análisis: American Truck Simulator

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En la película Atrápame si puedes de Steven Spielberg, el personaje de Leonardo DiCaprio se da cuenta de la admiración honesta y universal que despiertan los pilotos de avión en la Norteamérica de los años sesenta, y se inspira en ellos para diseñar una estafa casi perfecta: ganarse el respeto haciéndose pasar por uno de ellos. Al otro extremo de ese espectro de amor al transportista están los camioneros, según la opinión pública casi una clase inferior a la obrera, en ciertas zonas y épocas era la profesión habitual de indeseables que acababan de salir de la cárcel o que iban a entrar en ella en cualquier momento. Los bares de camioneros, los clubes de carretera, los concursos de pulsos, las peleas en el aparcamiento, los tatuaje baratos, la mala higiene, las gorras grasientas y el olor a gasoil y orín. Un colectivo de antihéroes que aun así podían presumir de un nivel de libertad y de posibilidades por explorar al cruzar frontera tras frontera que el funcionario o el empleado de banca o el trabajador de fábrica envidiaban en secreto mientras llenaban sudorosos y frustrados el depósito de su turismo familiar cargado de niños. Hay algo romántico en ser un camionero, y American Truck Simulator quiere darnos la oportunidad de vivir como uno.

Más spin-off que secuela de Euro Truck Simulator 2, este viaje a través de las américas (en realidad por ahora solo dos estados, pero qué dos estados: California y Nevada) nos permite algo que la mayoría de simuladores, obcecados en la reproducción hiperrealista no sin ese toque solemne y severo, como si no se identificasen con la categoría de videojuego, son incapaces de conseguir. Se trata de hacernos circular por ese carril del medio, entre la simulación recia de sobriedad obsesiva, y el arcade despendolado y loco que los niños se mueren por jugar en el salón recreativo. Esa especie de elasticidad a través de la personalización de los controles hace de American Truck Simulator lo que muchos, ajenos al mundo del simulacro fiel, hemos encontrado en él: una actividad relajante como pocas en este medio; una especie jardín zen en el que desconectar el cerebro y sentir la brisa, cumpliendo encargos y disfrutar del paisaje y sus cambios de luz sin más prisa que los holgados horarios de entrega que nos ofrecen.

El único punto que exige nuestra atención son las normas de tráfico: no superar el límite de velocidad, no olvidarnos de encender los faros cuando el sol empieza a esconderse, adelantar mirando siempre el retrovisor e incorporarnos a las autovías con un poco de prudencia y sentido común o respetar los semáforos en los cruces dentro de los núcleos urbanos. Son solo unas gotitas de mínima dificultad en un batido suave, dulce y para todas las edades.

Lo mejor de American Truck Simulator es esa versatilidad en sus funciones: según el esquema de control que uno elija, puede convertirse en una pesadilla mecánica de marchas manuales y ejes que suben y bajan (ideal para los propietarios de un buen volante), o en un paseo por el campo casi literal, cruzando la soleada California para entregar neumáticos o petróleo, y dejar que el objetivo de ganar dinero se vaya cumpliendo por sí solo. Ni la propuesta de expandir el emporio comprando cabinas y contratando a conductores tiene la fuerza magnética del simple y puro acto de conducir un trasto monstruoso de dieciocho ruedas, con el control de crucero activado, los pies descalzos sobre el salpicadero y nuestra radio favorita (radios reales de California que emiten por internet) poniendo banda sonora a nuestro momentos de escapismo de la rutina y del peso de la vida diaria. Quizá no tenga nada que ver con la verdadera sensación de libertad, pero se le parece un poco.

Jugado en: PC Windows
También en: Mac OSx y Linux
Desarrollador por: SCS Software
Nota: 8

8