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Análisis: Apotheon

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Hay algo fascinante en las pinturas y grabados de la Grecia Clásica, sus figuras estilizadas, sus combinaciones de pocos colores cálidos, la utilización del negro y su forma de retratar la acción. Son obras de una tremenda sofisticación para su época, y parece que esa impresión de estar en un tiempo al que no pertenecían ha perdurado a través de los siglos para convertirlas en uno de los iconos de la primera gran civilización de Occidente. De algún modo ese estilo visual nos trae connotaciones relacionadas con los orígenes de nuestra sociedad, un lugar donde la belleza y la sensibilidad compartían terreno con la violencia y el esclavismo, como si el principio de todas las cosas importantes tuviese origen, al menos parcialmente, en la maldad del hombre. La mitología griega es el gran libro de ilustraciones que certifica unos cimientos históricos convulsos y llenos de sangre, algo que God of War supo aprovechar sin necesidad de inventarse casi nada. Ahora Apotheon nos propone un planteamiento parecido, un soldado arrasando todas las capas del territorio místico de su cultura, pero desde el estilo visual de la Grecia Clásica y una perspectiva mecánica completamente nueva: la del metroidvania.

Quizá usar el término metroidvania fomente las malas prácticas lingüísticas, pero se trata de un etiqueta tan llena de rasgos y matices que cualquier jugador entiende al instante a qué se refiere uno. Scroll lateral, plataformeo, mapeados algo laberínticos llenos de zonas desbloqueables y una importancia vital del combate. Apotheon toma todos estos elementos y los lleva algo más allá que sus congéneres: los recorridos son más sencillos pero el combate gana en complejidad equipándonos con un arsenal de armas distintas que actúan de forma diversa (espadas, mazas, lanzas, jabalinas, horcas, arcos, flechas especiales, bombas artesanales…) y que promueven un uso variados y una forma de jugar flexible según los recursos y el tipo o la cantidad de enemigos. La recolección de objetos también está muy potenciada, y cobra un mayor sentido cuando le descubren a uno la particular aportación de Apotheon al género: el crafteo. Se trata de una característica que desde mediados de la pasada generación de consolas las desarrolladoras están tratando de inocular en el ADN de todos los juegos, y aunque a veces resulta algo forzado, en este caso se convierte en una especia que da sabor a la mezcla.

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El devenir de esta aventura griega se ve favorecido por muchos aciertos juntos: una dirección de arte con las ideas muy claras, una construcción de niveles excelente, un diseño de combate complejo y profundo (la velocidad de cada arma, el ángulo en que el protagonista las usa, el escudo como componente táctico) y una banda sonora sencillamente brillante. Quizá algunos problemas técnicos cuando se juntan muchos enemigos en pantalla, unas animaciones muy pobres y un control del que a veces se pierde el dominio son los defectos que se le puede achacar a Apotheon, además de una historia que no se molesta en hablarnos del protagonista ni de aportar motivaciones: solamente de soltarlo en medio de una movida bélico-divina donde un poco de cultura general sobre mitología hace el resto del trabajo narrativo.

Quizá si Guacamelee! no nos hubiese bendecido con su existencia hace dos años ahora vería a Apotheon con ojos de colegiala y me habría rendido a ese cóctel de ideas que lo tiene todo para ser perfecto pero nunca llega a serlo. De momento, y aunque he pasado un buen rato de dieciséis horas, mi corazón sigue en México, lindo y querido.

Jugado en: Playstation 4
Disponible en: PC Windows, Mac, Linux
Desarrollador: Alientrap Games
Nota: 8

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