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Análisis: Broken Age

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broken-age-shayEl retorno del hijo pródigo al género que lo consagró ha generado poluciones nocturnas a todos aquellos que nos criamos con Guybrush, el tentáculo púrpura y Manny Calavera. Y es que el señor Schafer junto con su colega Ron Gilbert son dos de los principales responsables de que la aventura gráfica fuera el género rey a principios de los 90. Su saga de Monkey Island así como los posteriores Full Throttle y Grim Fandango nos enseñaron que los videojuegos no sólo eran un medio tan válido para contar historias como el cine o la literatura, si no que podían conseguir incluso llegar más allá haciéndote partícipe de ese mundo creado en código binario. Grandes historias con grandes personajes. Eso era básicamente lo que estos dos tipos y la gente de LucasArts nos demostraron con un puñado de obras maestras que configuraron los recuerdos de infancia de toda una generación. Tras muchos años y una industria que en nada se parece a cuando ellos llegaron, Tim Schafer vuelve al género que le dio fortuna y gloria… bueno, sobre todo gloria.

Broken Age se basa en la historia iniciática de dos personajes, Shay y Vella, que se encuentran en ese difícil momento en el que dejan de ser niños para enfrentarse a los peligros del mundo real y convertirse definitivamente en adultos, o en este caso, héroes. Dos historias aparentemente paralelas que el estudio resposable Double Fine decidió fragmentar en dos capítulos para poder financiar todo el proyecto (algo que no se entiende mucho tras el éxito arrollador que tuvo su Kickstarter, pero esa es otra historia). El hecho que se decidiera fragmentar en dos episodios no solo tiene consecuencias de financiación, también provoca que inevitablemente comparemos los dos episodios y valoremos si realmente está justificada la espera de más de un año entre la publicación de ambos. Pero vayamos por partes.

broken-age-vellaSi lo analizamos globalmente Broken Age es un producto muy notable con el inequívoco ADN de su creador: personajes absolutamente carismáticos que dan vida y verosimilitud a un mundo que respira, diálogos absolutamente memorables y divertidos que sólo alguien que ideó la frase “mira detrás de ti, hay un mono de tres cabezas” era capaz de crear y rompecabezas que, a pesar de ser mucho más fáciles que los de la vieja escuela, se integran de forma natural al universo que se nos presenta. El problema es que, como hemos dicho, la aventura se nos ha fragmentado en dos episodios y si con el primero nos divertimos, disfrutamos y descubrimos un mundo absolutamente precioso y fantástico, en el segundo todo empieza a bajar hasta llegar a la caída libre de su clímax final. No es malo, simplemente no está a la altura. El problema es que no lo está en muchos aspectos, ni en lo narrativo, ni en los puzles que tienen un pico absurdo de dificultad en su tramo final. Un pico que acaba siendo un reto a nuestra paciencia y no a nuestro ingenio.

Y es que ocurre algo curioso con los puzles de Broken Age. Durante toda la aventura se nos permite controlar a ambos personajes y alternar a cualquiera de los dos en todo momento (algo que Schafer ya había experimentado en Day of the Tentacle con soberbios resultados) pero no es hasta el tramo final que necesitaremos de esta interacción entre ambos personajes para poder resolver algunos puzles, desaprovechando una de sus mecánicas jugables más atractivas, y lo peor de todo es que los pocos puzles en los que deberán colaborar son probablemente los más insípidos y aburridos de todo el juego. No deja de sorprender este hecho teniendo en cuenta que Schafer consiguió en Day of the Tentacle los puzles más divertidos y locos de todo el género, en los que aprovechaba no solo el control de tres personajes, sino también las distintas ramas temporales que nos proponía la aventura. Una lástima que en esta ocasión haya quedado muy lejos de esa cima.

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La sensación que nos queda es que estuvo cerca. Broken Age entra por los ojos con un apartado artístico excelente con dibujos hechos a mano y con mucho cariño, nos conquista con personajes carismáticos con los que no nos cansamos de hablar y nos presenta paisajes fabulosos e inspirados… hasta que finaliza el primer acto. A partir de ahí los escenarios se repiten, los personajes se diluyen y su problema de estructura va creciendo conforme avanzamos la aventura hasta darnos cuenta que lo mejor estaba al principio. Si en el primer acto nos demuestra por qué la aventura gráfica fue el género rey a principios de los noventa, en el segundo nos recuerda por qué su reinado duró unos pocos años. No se trata de un producto fallido, de hecho tiene momentos absolutamente geniales que llevan el sello inequívoco de su creador, pero el problema es que llevar el apellido Schafer pesa mucho y simplemente esperábamos más. Sus destellos de genialidad son abundantes, eso es innegable, pero queríamos una obra maestra y sólo es la obra de un maestro.

Jugado en: PC Windows
También en: Linux, Mac, Playstation 4, Playstation Vita, iOS, Android
Desarrollado por: Double Fine
Nota: 7

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