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Análisis: The Lady

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Es posible que un alto porcentaje de jugadores enfrentados cara a cara, y sin información previa, a The Lady lleguen rápido a la conclusión de que les han engañado, que un juego tan injugable y despojado de sentido o de narrativa es una estafa o que ni siquiera es un juego, esa especie de agresión semántica tan de moda (no es que seas malo: es que ni siquiera eres).

Irónicamente, la experiencia que proponen sus autores es en realidad honesta hasta las últimas consecuencias, y para ello solo hace falta fijarse en el nombre del estudio: MPR ART Hallucinations ha fabricado, en efecto, una alucinación. Un delirio visual, sonoro y mecánico preñado de simbolismos malsanos e imágenes escabrosas que busca sumergirnos en una simulación libre del trastorno de ansiedad y, a medida que uno avanza, un ataque de pánico.

Son muchos los juegos que en lo últimos años tratan de explotar la faceta de la empatía que genera una relación interactiva con el producto, como la disforia de género (la contradicción entre sexo físico e identidad sexual) en Dy4ia de Anna Anthropy o la depresión clínica en el injustamente maltratado Depression Quest. The Lady funciona como una especie de vórtice de la consciencia que nos transporta a una realidad mórbida en la que controlamos a una especie de niña zombi con los brazos cercenados que se desplaza en scroll lateral y que debe encontrar la forma de avanzar por los niveles. El aspecto cadavérico, los brazos cortados, el cristal que separa al jugador del juego como si fuese una cámara (una cuarta pared literal y frágil) roto en pedazos, fragmentos de cristal que caen sobre la chica y una especie de proyección espiritual como única arma contra una hostilidad retorcida y cruel que impregna todos los elementos del escenario y a todos los personajes.

La interpretación es abierta, pero no resulta difícil entender su voluntad de someternos a una experiencia prácticamente injugable que funciona por códigos que nadie nos explica, que nos hace sentirnos indefensos y atrapados muy a menudo, que huele a pulsión de muerte y a ideas de suicidio, que es horripilante en su diseño, brutal y tosco en su puesta en escena y áspero y difícil (no en un sentido lúdico sino más bien humano; de la forma en que una persona es difícil: poco accesible, huraño) en el trato y el control. No se comunica con el jugador y no duda en hacernos chantaje emocional (la opción de salir del juego se llama “rendirse”) y desfila por la pantalla entre animaciones primitivas y temblores extraños, en batallas contra enemigos incómodos de encarar, envolviéndolo todo en un tono luctuoso y deprimente pero también surrealista.

The Lady se considera a sí mismo un puzle, quizá no tanto por lo laberíntico de sus puertas y sus callejones sin salida como por la exigencia con la que demanda la paciencia y la tenacidad del jugador. Jugarlo y tratar de entenderlo y sobre todo intentar disfrutarlo requiere un nivel de sacrificio que no todo el mundo está dispuesto a conceder. Quizá tanto como se necesita para doblegar nuestro lado racional, enterrar nuestros prejuicios y entender, en la medida de lo posible, la enfermedad mental y sus tortuosos caminos de dolor y angustia.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: MPR ART Hallucinations
Nota: 5

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