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Análisis: Last Day of June

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De la transición del videojuego como juguete a herramienta de expresión ha derivado en los últimos años algo que podríamos llamar algo así como el monopolio del sentimiento. El videojuego ha cultivado su amor propio e, interpelado por lo indie y su naturaleza cuestionadora, ha empezado a creerse cada vez con más convencimiento que posee capacidades de las que otros medios carecen, sobre todo en lo que respecta a la experimentación narrativa y, aquí voy, a la transmisión emocional. Hace ya tiempo que se viene demostrando que la madurez del medio tenía que llegar por fuerza acompañada de discusiones políticas, ejercicios artísticos, reflexiones filosóficas, dilemas morales y sobre todo por una cascada de sentimientos inyectados a través de vías nuevas y rutas mentales todavía por explorar.

Ese sendero es el que quiere recorrer The Last Day of June con cierta sensación de calma, a su ritmo, dándose tiempo para conocerse, entenderse y sopesar momentos de tristeza y de alegría. Busca ser, sobre cualquier otra cosa, un recipiente sentimental.

La idea de Massimo Guarini es transparente, como la sencillez casi minimalista del diseño de personajes del juego (basados, por cierto, en Drive Home, un muy deprimente cortometraje de Jess Cope para ilustrar una canción aún más deprimente del cantautor Steven Wilson), y muy honesta: trata de hacernos alternar melancolía y ternura con una historia que habla del amor correspondido y también de la pérdida más desgarradora. Su particular cuento echa mano de una concesión que hacemos al videojuego más de una virtud: la capacidad de repetir acciones. Repetimos tramos de la vida de cuatro personajes de un pueblo (que acaban confluyendo en el momento de la muerte de otro personaje, la esposa del protagonista) con finales distintos y combinaciones diversas, como parte de un proceso no se sabe muy bien si místico o psicológico que el personaje principal lleva a cabo con tal de evitar el accidente de tráfico que le quitó al amor de su vida y le postró en una silla de ruedas.

Y es en esa mecánica de repetición, en cierto modo un reflejo de los procesos mentales por los que pasa quien ha perdido a alguien y carga con el remordimiento y la frustración, donde The Last Day of June se empieza a atascar. Exige al jugador que pase varias veces por el mismo tramo de una historia que se desarrolla en paralelo con otras tres —un mismo período desde distintas perspectivas— es el mismo juego el que termina por convertirlo en un trámite. El videojuego tiene un acceso privilegiado a la paciencia de quien lo consume, habitualmente acostumbrado a repetir muchas veces una actividad para conseguir su recompensa, pero es un recurso valioso que debe ser utilizado con cuidado, ofreciendo esa contraprestación capaz de premiar el esfuerzo y el tesón. El juego de Guarini falla justo ahí, donde más arriesga, y convierte una historia sencilla pero preñada de emociones y buenas intenciones en un ejercicio de simplicidad quizá excesivo que eclipsa un poco su propia intención de ser fresco y luminoso, de ser mucho más. Una pena en el sentido más amplio de la palabra.

Jugado en: Playstation 4
Desarrollado por: Ovosonico
Nota: 6