Windows · Playstation 4

Análisis: Not a Hero

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Not a Hero es un perfecto mecanismo de placeres salvajes. La brillante muestra de cómo una jugabilidad milimétricamente ajustada sumada a la cultura postmoderna que empapa todo el producto puede desembocar en una de las experiencias más divertidas y desenfrenadas del panorama indie actual. Un auténtico aquelarre de violencia, disparos y conejos sociópatas que ninguna gente de buena voluntad debería dejar pasar.

El estudio indie Roll7 que ya había cosechado éxitos con OlliOlli, consigue con Not a Hero una obra excesiva en sus formas pero tremendamente equilibrada en sus mecánicas. Un producto hecho con mimo y cuidado por cada uno de sus detalles y tan generosa en diversión como exigente en habilidad. No perdona los errores pero te enseña porque los has cometido y al igual que el sargento Hartman de La chaqueta metálica, es duro pero es justo. No obstante antes de hablar de sus preciosas tripas miremos un poco en detalle su fantástico envoltorio.
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BunnyLord quiere llegar a la alcaldía cueste lo que cueste y para ello qué mejor que limpiar las calles de toda la chusma de maleantes que hace la vida imposible a los buenos ciudadanos. Para lograrlo recluta a un ejército de mercenarios que lo ayudarán en su demencial misión. Aunque su punto de partida no dista mucho de los clásicos “yo contra el barrio” que aparecieron a finales de los ochenta y principios de los noventa. La diferencia es que mientras estos se tomaban en serio su ridículo punto de partida, en Not a Hero la justicia callejera no sólo se parodia con un brillante sentido del humor sino que se ridiculiza hasta convertirla en demencial y esquizoide. En todo momento nos dejan claro que, como reza el título, no hay héroes en su mundo, sólo psicópatas de gatillo fácil.

El tono excesivo y paródico que tiene el juego está presente en todos sus aspectos, ya sean jugables como también artísticos. Nos encontramos con un estilo pixel art parecido a los juegos de NES, muy de moda en estos días, pero que en Not a Hero se lleva un paso más allá. Veremos cabezas reventadas, tripas salpicando las paredes y no podremos evitar sonreír. Ese es su hallazgo, convertir la violencia en una risible parodia 8 bits. El apartado sonoro tres cuartos de lo mismo. Música estilo midi y un doblaje que nos recuerda a la serie de animación Pingu, pero que está en total harmonía con el tono del producto. Eso sí, cada mercenario cuenta con su particular muletilla cada vez que revienta al enemigo de turno, al más puro estilo Yippi kay yei motherfucker.

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Está claro que su apartado artístico le da una personalidad única, pero si en algo reside su grandeza, si existe un aspecto que lo convierte en único es su perfecto diseño de juego. Aparentemente es tan simple como un sonajero y se limita a disparar, cubrirnos y usar los distintos powerups a través de unos escenarios con una estructura similar entre sí. Pero los chicos de Roll7 han sabido combinar magistralmente estos elementos para conseguir un juego que en su tramo final acaba convirtiéndose en un shooter de estrategia. Quizá cuando empecemos podremos ir a lo loco disparando a todo lo que se menea. Pero a medida que avanzamos nos damos cuenta que su curva de dificultad crece a velocidad exponencial, y las últimas pantallas deberemos meditar cuidadosamente la elección del mercenario más adecuado, la secuencia de movimientos más idónea y los power-ups más convenientes para superar la fatídica fase. Y aun así moriremos muchas veces. No en vano en el estudio han declarado que les gustan los juegos en los que se muere mucho al estilo de Hotline Miami. Y vaya si se nota. No es un juego largo ni mucho menos, pero su dificultad a partir de la mitad del juego lo convierte en un reto que nos mantendrá ocupados unas cuantas horas. Además cuenta con una alta rejugabilidad si queremos completar los distintos objetivos secundarios de cada misión, los que por cierto, son bastante más atractivos y golosos que la norma general. Cumplirlos nos permitirá desbloquear nuevos mercenarios con distintas características, algunos de ellos realmente divertidos y versátiles (como el nada sutil homenaje al personaje de Jesús de El Gran Lebowski y su característica incontinencia pélvica).

not-a-hero-inside-4Decíamos al principio que se trata de un producto genuinamente postmoderno ya que da la sensación que, pese a su estética de gráficos NES y a estar enmarcado en un género tan ochentero, es un juego que jamás hubiera tenido lugar en esa época. Es demasiado autoconsciente de sus referentes hasta el punto de reírse de ellos. No se toma en serio ni a sus personajes ni a su historia, ridiculizando al justiciero como esa encarnación fascistoide de una sociedad enferma, que muy lejos de ser un héroe, no es más que un demente de la misma calaña que los tipos malos a los que da caza. Tampoco coge las mecánicas de ese género, ya que las coberturas serán nuestra principal baza para mantenernos con vida, emparentándose más con Gears of War que con Double Dragon. Lo que hace grande Not a Hero es que bajo su aparente simplicidad y vocación clown, se esconde una de las propuestas más complejas, frenéticas, adictivas y de explosiva mala leche que hemos tenido el placer de jugar. Es capaz de lograr una hazaña tan increíble como tener estilo propio en el manido género shooter. Y lo hace con sólo unos pocos píxeles. Eso sí es ser un héroe.

Jugado en: PC Windows
También en: Playstation 4, Playstation Vita
Desarrollado por: Roll7.
Nota: 9

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