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Análisis: The Talos Principle

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Después de la Segunda Guerra Mundial el mundo tuvo clara una cuestión: el ser humano puede ser una fuerza terriblemente destructiva, y la barbarie de aquella primera mitad de siglo había sido tan colosal que se volvía más absurda, brutal e incomprensible a medida que la sociedad analizaba los hechos. Era esa extraña sensación introspectiva que atraviesa la mente de uno tras una pelea, ese “¿pero qué nos ha pasado?” concentrando un estado de confusión y turbación ante una escalada de sucesos sin sentido. Esa sacudida de la conciencia estaba más viva que nunca en la Francia recién liberada de la ocupación nazi, y es posible que por eso el país galo se convirtiera en la cuna del existencialismo, de la necesidad de replantear un punto de partida filosófico. Quizá lo importante no era tanto el pensamiento como la propia experiencia, que la existencia y la forma de buscarle un sentido y de vivirla convencidos de su valor era por sí misma anterior y superior a la esencia, el cúmulo de etiquetas y credos y atributos que se espera de nosotros.

Ahora, bien entrado el siglo XXI y bajo la creencia generalizada de que la revolución robótica llegará tarde o temprano y que, como muchos científicos piensan, la Singularidad es solo cuestión de tiempo, el existencialismo plantea sus propios límites, su pregunta definitiva con la que The Talos Principle vertebra todo su guión: ¿qué es y qué no es existir?

En The Imitation Game, el personaje de Benedict Cumberbatch, Alan Turing, planteaba la existencia con un solo requisito: la capacidad de pensar. Su idea cartesiana del mundo abogaba por la inclusividad de cualquier ser o cosa capaz de pensar, aunque lo hiciese en términos distintos a los humanos. Es la misma cuestión que el juego de Croteam nos arroja una y otra vez, y además lo hace usando códigos tan primitivos como Dios (en este caso Elohim) y las analogías de Adán, el fruto prohibido y el conocimiento. Elohim quiere sus bloques, quiere que resolvamos los puzzles que se nos presentan ambientados en la Grecia Clásica, el Antiguo Egipto y la Europa Medieval, tres puntos de inflexión en la historia de la humanidad, pero se niega a darnos acceso a una torre que esconde secretos que no estamos preparados para saber.

Localizamos terminales que nos proporcionan pedazos de información de la posible génesis de un dios artificial y claves sacadas directamente de la reserva filosófica de los clásicos. Cuanto más avanzamos en The Talos Principle, más nos escarba en el alma la pregunta de quiénes somos (en el juego, claro), por qué nos habla Dios, por qué no nos quiere en su torre y por qué en los terminales hay otra entidad dispuesta a contradecir los planes del todopoderoso y convencernos de alcanzar la verdad. Y con cada rompecabezas resuelto la respuesta se parece más al mito de Sísifo reinventado por Albert Camus: el valor de la tarea está en la experiencia vivida.

Nunca sabremos si Croteam hizo un juego de puzzles lógicos casi perfecto como excusa para hacer filosofía o si hizo filosofía como excusa para plantar cara a su gran inspiración, Portal. Lo que sí está claro es que este estudio de croatas locos ha conseguido hacer las dos cosas, y hacerlas como muy pocos son capaces: sin bajar de la excelencia.

Jugado en: Mac
Disponible en: PC Windows, Mac, Linux
Desarrollador: Croteam
Nota: 9

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