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Análisis: The Escapists

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Hacia la mitad de Cadena perpetua, el preso más anciano de la cárcel, Brooks, era por fin liberado tras medio siglo de reclusión. Le daban una habitación en una pensión y un trabajo que se suponía que le iba a ayudar a adaptarse de nuevo a la vida en libertad, a recuperar las riendas de su destino y enderezar, aunque solo fuese para unos pocos años, una existencia completamente echada a perder. Pero Brooks no se adaptaba. En sus reflexiones por escrito hablaba de miedo, de un pánico atroz a un mundo que se movía mucho más rápido de lo que recordaba, con miles de coches por la calle y luces en todas partes, pero sobre todo a la incertidumbre. En la prisión uno sabe qué va a suceder ese día y los próximos mil, y esa repetición invariable acaba precipitando lo que los personajes de la película llamaban “institucionalización”, una variedad de locura alienante que parecía incompatible con la vida en libertad. Algo que Brooks descubre poco antes de ahorcarse en su casa.

Con The Escapists su autor, Chris Davis, nos ofrece la misma cura contra la institucionalización que elige el protagonista de la cinta, Andy Dufresne, ejercer la libertad dentro de los límites penitenciarios (trabajando, ayudando a otros, mejorando las instalaciones…) sin perder de vista la libertad verdadera, esa que solo se consigue escapando. Por eso quizá le sorprenda al jugador que, con un ritmo tan rápido y una rigidez tan férrea en las tareas encomendadas a nuestro personaje enchironado, el juego sea en realidad un sandbox o, más paradójicamente aún, un juego de mundo abierto. Es por esos resquicios por los que, como un Dufresne pixelado, debemos escoger y planificar la forma de escapar de la prisión. De las seis prisiones en realidad, a cada cual más difícil de dar con el mecanismo y el timing exactos para la gran evasión.

A pesar de su vista cenital y sus gráficos aparentemente simples, The Escapists es un juego profundísimo que nos invita a experimentar sin explicarnos muy a fondo lo que podemos hacer. Para la consecución de la escapada hay que pasar primero por una serie de puestas a punto, ya sea físicas (ponernos fuertes en el gimnasio para noquear a un guardia al que no podemos despistar) o trabar alianzas que nos ayuden en nuestro plan, ya sea ejerciendo de distracción como luchando a nuestro lado. Dentro de la penitenciaría hay multitud de utensilios esenciales para mantener a raya a los que nos quieren buscar las cosquillas o para el propio método de escapatoria que hayamos elegido, aunque lo más sorprendente es la manera en que el juego promueve no solamente el robo de recursos (en la cocina o el taller, por ejemplo) o el contrabando (si preferimos dedicar el tiempo a trabajar y ganar dinero), sino también el crafteo intensivo tanto dentro como fuera de los menús. Las combinaciones y posibilidades se multiplican a base de experimentar y de acudir a la biblioteca para aumentar conocimientos técnicos. Y es que esa es precisamente la sensación que se desprende del juego: The Escapists es mucho más difícil de lo que parece, pero no porque se empeñe en ponernos trampas o fastidiarnos el avance, sino porque está convencido de que el jugador que lo merezca, el más sagaz o el más tozudo, terminará dando con la pared podrida, el ángulo ciego de un cámara de seguridad o el cambio de turno de dos guardas confiados.

Jugado en: PC Windows
Desarrollador: Mouldy Toof Studios
Nota: 8

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