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Análisis: Westerado: Double Barreled

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Corre el verano de 1965 en el desierto de Tabernas, en el interior almeriense, y Clint Eastwood observa como Elli Wallach suda la gota gorda mientras cava un agujero entre resoplidos y protestas entre dientes. Segundos antes, el pistolero del poncho le ha dado una lección sobre la vida sin quitarse el cigarrillo de la boca: «en este mundo hay dos tipos de hombres: los que tienen un revólver cargado y los que cavan. Tú cavas». Esa escena, sin un solo disparo y con un solo duelo al atardecer resume la historia del spaghetti Western: la sencillez es parte del encanto de unos hombres sin moral y sin ánimo de complicarse la vida, asesinos circunstanciales que regaron con sangre los cimientos de la civilización más poderosa de los últimos cien años. La brutalidad como método, la crueldad como norma y la sencillez como virtud.

A esos cánones estéticos y narrativos se aferra este Westerado: Double Barreled, un sandbox low-fi donde las limitaciones del píxel y la técnica no importan cuando es el relato, y sobre todo la parte que nos corresponde a nosotros escribir, la que centra los acontecimientos. Una búsqueda desesperada y violenta por matar al bandido que quemó nuestro rancho y asesinó a nuestra familia, o un paseo contemplativo en busca de explorar todos y cada uno de los detalles del escenario, de cada saco de dinero oculto entre matorrales, cada partida de póker, cada misión opcional, cada borracho balbuceando delirios, cada poblado indio, cada circo ambulante y cada sheriff de estómago agradecido y gatillo oxidado. Entre una u otra opción, la libertad absoluta para elegir qué historia, qué valores y qué reputación nos gustaría que transmitiese nuestro personaje allá por donde sus polvorientas botas hacen girar las cabezas. Una libertad menos física y menos basada en la inmediatez de un género donde los mapas suelen ser colosales y los coleccionables infinitos. En Westerado la libertad es elemental: la libertad de ser libre o no serlo.

Con un sistema de combate lineal y especialmente rudimentario, el juego vuelve una y otra vez a sus principios de sencillez y violencia fría y sin miramientos (una de las misiones secundarias es matar a todos los bandidos de un cementerio para que una aldeana pueda visitar la tumba de su padre; el valor de la vida es relativo y a veces anecdótico), solo alterada por los guiños de sus creadores a las convenciones y los rasgos estilísticos más marcados del Western, desde el manejo del disparo que nos obliga a amartillar el revólver antes de efectuar un tiro como del lenguaje vulgar de los diálogos. A medio camino entre el homenaje y la parodia, Westerado es un juego mucho más profundo y completo de lo que aparenta, e incluso aunque uno se lo termine en poco tiempo, siempre le queda la sensación de haberse dejado cosas por hacer. Ese es, supongo, su mérito.

Jugado en: Mac
También en: PC Windows
Desarrollado por: Ostrich Banditos
Nota: 7

7