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Análisis: Beat Cop

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Parte del cine policíaco más popular de los ochenta se apoyó en la formación de una mitología universalmente compartida sobre lo que son las comisarías de policía en Estados Unidos. Esa mitología la formaba una serie de estereotipos comunes a casi toda película de acción, y hoy en día son prácticamente símbolos de aquella época que cerró definitivamente El último gran héroe con su broche paródico final. El jefe que grita mucho e insulta a sus subalternos —y que siempre se queja de tener al alcalde presionándole—, el agente que muere un día antes de retirarse, la mujer policía que debe lidiar continuamente con insinuaciones y chistes de carácter sexual, el veterano resignado que se mofa de la ingenuidad bienintencionada del novato, el detective con mala prensa... La lista de personajes cortados por el mismo patrón es larguísima y tremendamente reconocible. Los polacos de Pixel Crow parecen recordar aquella época con cierto cariño, tanto como para repetir esos mismos tópicos con cierta sorna cómplice desde la primera piedra del proyecto: el logotipo de Beat Cop es, de hecho, un dónut.

Análisis: Beat Cop

La historia nos cuenta las desventuras del agente Jack Kelly, un detective que al acudir a una llamada de emergencia se vio envuelto en lo que tiene toda la pinta de ser una trampa con todos los ingredientes: un ladrón abatido a tiros, la casa de un senador y unos diamantes desaparecidos. Jack es degradado hasta el escalafón más bajo de las fuerzas del orden: el policía de a pie. Beat Cop es de hecho la expresión anglosajona con la que se refieren en Norteamérica a algo así como el agente de proximidad: ese policía que pasa el día recorriendo el barrio y que conoce a todos los vecinos y los tenderos.

Eso es justamente lo que hacemos aquí: los paseos de la jornada laboral de Kelly transcurren en una sola calle del conflictivo Brooklyn de 1986, y además de las tareas más o menos oficiosas (como cumplir con la cuota de multas o detenciones) nuestra misión es relacionarnos con la gente del barrio, conocerlos, atender sus necesidades, negociar sus exigencias, tranquilizar sus dudas y, muchas veces, ignorar sus problemas. Esa es la clave de Beat Cop, una idea que el juego intenta apuntalar con fuerza a base de diálogos: los personajes no dejan de reconfortar a Kelly una y otra vez sobre la elección como esencia de su trabajo; le dicen que su jornada consiste, al menos en gran parte, en importarle una mierda algunos de los problemas que le sobreviven en su recorrido diario.

Análisis: Beat Cop

Beat Cop funciona como un reloj durante las primeras jornadas de Kelly. Uno echa de menos algo más de tiempo (una hora del juego es menos de un minuto real) para explorar más y mejor, para interactuar con más vecinos y comerciantes de la zona, pero pronto empieza a empañarse lo que el juego ha conseguido presentar. Uno se da cuenta de que quizá esa extrema limitación en el tiempo existe precisamente para que evitemos tocar demasiadas cosas, y es que algún problema en la programación de Beat Cop hace que todo empiece a desmoronarse cuantas más acciones realizamos: los eventos predefinidos por scripts comienzan a fallar, quedándose atrapados en un bucle o errando la detección de nuestra presencia en los escenarios; las estadísticas dejan de reflejar la realidad de nuestro rendimiento al final de cada día; las tareas de emergencia se nos asignan después de que haya finalizado la hora límite para cumplirlas; y el sueldo diario sufre alteraciones, penalizándonos o bonificándonos sin una razón aparente.

El juego de Pixel Crow ejemplifica con inquietante acierto varios de los problemas que arrastran muchos juegos indies, sobre todo europeos, de esta era tan prolífica: una ocurrencia original, una idea sólida y con recorrido que empieza con paso firme apoyada en la seguridad que le da sus propia premisa sin fisura pero acaba tropezando a la hora de posicionarse con el tono, de decidir exactamente qué quiere decir y cómo hacerlo y acabar dando con sus huesos en el suelo por culpa de algún error de bulto. Quizá Beat Cop logra salvar los muebles con un apartado técnico seductor y una puesta en escena cariñosa, pero fía demasiado a las hipotéticas ganas con que el jugador de indies —nostálgico, generoso y benevolente por naturaleza— se meta en los zapatos de Jack Kelly.

Análisis: Beat Cop

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Pixel Crow
Nota: 6

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