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Análisis: Broforce

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Que los publicistas The Expendables decidieran ponerse en contacto con los sudafricanos de Free Lives para crear una expansión promocional de la película en Broforce no es ninguna casualidad: tanto la saga coordinada por Sylvester Stallone como el run n’ gun que distribuye Devolver son una celebración autoconsciente y paródica del cine de acción de los ochenta. Lo que la Cannon vendía como héroes patriotas de la Norteamérica democratizadora por las buenas o por las malas era una forma de fascismo edulcorado y rebajado donde la ideología se podía resumir en una frase y lo importante de verdad era el acto mismo de imponerse por la fuerza y sobre todo la estética de esa violencia legitimada. En una de las primeras misiones, antes de que el helicóptero nos suelte en un campamento guerrillero, el coronel que nos da las instrucciones para la misión nos dice, puro en mano: “La gente de este país habla, se viste y actúa diferente que nosotros; ya saber lo que hay que hacer”. Cuando uno pulsa el botón de play con un DVD de Rambo sabe, exactamente igual, a lo que ha venido.

Broforce se disfraza de estupidez absoluta pero es en realidad uno de los juegos más inteligentes de los últimos años. No solo por sus atrevimientos políticos, su crítica feroz y más ácida que la sangre de un xenomorfo o por esa relación de amor y asco que establece con los iconos que homenajea. La verdadera inteligencia y honestidad de Broforce está en sus mecánicas: una increíble orquesta de sistemas y patrones pensados para generar un dinamismo tal que se sale del control del jugador y de los límites de la percepción humana.

Entramos en escena con un Bro aleatorio, una caricatura de un personaje famoso del cine de acción, y nos convertimos en otros Bros a medida que rescatamos prisioneros, algo que también aumenta el contador de vidas. Broforce propone dos decisiones de diseño que por sí mismas serían irrelevantes y las convierte en rasgos de su propia virtud: el inicio con una sola vida hace que los principios de nivel sean el momento más tenso, y el azar en el personaje asignado lo convierte en una experiencia literalmente imprevisible donde cada muñeco posee su propio esquema de control, su armamento con ventajas balísticas e inconvenientes cinéticos y sus ataques especiales hiperdestructivos, desde ramos de machetes hasta volar por el escenario.

La magia de Broforce es que sus partidas son inflamables, y es cuando se produce un chispazo a veces involuntario se producen reacciones en cadena que fulminan partes enormes de un escenario totalmente destructible. El barril explosivo, hace estallar un tubería de gas que incendia una bombona y hace desplomarse una torre sobre un camión lleno de soldados. Y todo ha sido provocado por una sola bala. Ahí pone el acento un Broforce que se ríe del patriotismo pero reverencia la violencia a través de la hipérbole, el caos y la destrucción coral.

Jugado en: PC Windows
También en: Mac OSx
Desarrollado por: Free Lives
Nota: 9