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Análisis: Death Coming

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Siempre me he acongojado con las películas de Destino Final. No con los films en sí, sino con la idea sobre la que se cimentan. Me aterra pensar que una serie de funestas casualidades pueda devenir en una muerte especialmente ridícula. Es el tipo de pensamiento que te recluye en casa, sin que tan horrible aprisionamiento garantice tu protección. Y no hay mayor horror que el terror holístico, un miedo a todo lo que nos rodea y que nos anula como personas. Jamás pensé que la incertidumbre, madre de tantos pánicos, pudiera ser divertida.

Al menos hasta que descubrí Death Coming. La obra de Next Studios, todavía en Early Access, es un juego de puzles en vista isométrica inspirado por completo en las películas de Destino Final. Eso sí, desde una perspectiva humorística. Como en esta saga cinematográfica, paradigma de la cutrez en el celuloide, las innumerables muertes que acontecen en Death Coming se deben a accidentes casuales. O al menos en principio, pues es el jugador quien, cual tirano del azar, provoca los siniestros.

Análisis: Death Coming

En Death Coming, encarnamos a un recién fallecido contratado por la muerte. Para recuperar nuestra vida, la parca nos exige que recolectemos una serie de almas. Nuestra mejor aliada para tal fin será una maceta tambaleante al borde de un balcón. Vaya, se ha caído y pasaba alguien por ahí. Punto para ti.

La clave, como en el ejemplo inmediatamente anterior, es activar una serie de trampas mortales. Pese a la sencillez de lo expuesto, Death Coming tiene cierto componente estratégico. No todo es matar, sino cómo se mata. Cuantas más personas y en menos tiempo, mejores resultados obtendremos. Empero, no vale todo. No se puede recurrir a seres vivos ni a todos los objetos para nuestros embustes mortales. Otro ingrediente para enriquecer tan tenebrosa receta son las condiciones climáticas, que conviene tener en cuenta para ejecutar combos funestos.

Análisis: Death Coming

Death Coming mejora conforme progresamos. Tras las primeras fases, hay más opciones y los combos posibles son más enrevesados. Y, por macabro que suene, más divertidos. El título de Next Studios brilla conforme se desinhibe; cuanto más loca es la ejecución —nunca mejor dicho—, mejor. Lo absurdo enriquece sobremanera a este indie, pues es hilarante cuando se atreve a incluir en la ecuación a gorilas asesinos gigantes o murciélagos enormes sedientos de sangre.

El progreso no solo implica más opciones para aumentar la escabechina, sino ciertos obstáculos para incrementar la dificultad —inexistente durante gran parte del juego—. Cuando las masacres tornan en rutina, unos ángeles en el rol de policías vigilarán nuestras fechorías. Si nos pillan, perdemos un corazón y si eso ocurre tres veces, la pantalla se reinicia. Como cada vez hay que conseguir más puntos, las matanzas duran más, ergo asciende el número de ángeles que se acumulan en pantalla. Eso sí, su presencia, como el juego en general, no se convierte en un reto hasta los dos últimos niveles.

El mayor óbice de Death Coming radica, precisamente, en las pantallas finales. Ahí, este indie sufre problemas serios de ritmo. Si agotamos las opciones sin obtener los puntos suficientes, hay que esperar a que se den situaciones propicias para cosechar almas. Y eso no es algo que suceda frecuentemente, por lo que Death Coming torna en tedio. La perfección es hilarante, pero el error es harto monótono. Lo mismo ocurre al intentar obtener la máxima puntuación. Por culpa de este déficit de ritmo, Death Coming castiga al jugador implicado y solo resulta atractivo para partidas cortas.

Por más que su pixel art ya merezca varios GOTY, se nota que no es un juego terminado. Más allá de los fallos superficiales, como la imposibilidad de saltarse las cinemáticas al repetir una pantalla, todavía es demasiado breve. Merece la pena seguirlo de cerca, pues tiene potencial para brindar puzles complejos y delirantes. Por el momento, no es mucho más que un tutorial largo en un juego excesivamente corto.

Desarrollador: Next Studios
Jugado en: PC Windows
Nota: 6

6