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Análisis: Death Road to Canada

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Todos nos hemos puesto las botas matando zombis. Es difícil que ocurra lo contrario. Al fin y al cabo, los comecerebros son la carnaza de nuestro mundillo, con el permiso de los nazis. Con tanta repetición uno se vuelve experto en la materia, y las máximas “dispara a la cabeza”, “corres más que ellos” y “ten siempre una vía de escape” están más que asumidas y son aplicables a casi cualquier producción sui géneris. En resumen, los no muertos ya no sorprenden. Eso creía.

Perro matando zombis

El acierto de Death Road to Canada, lo que le hace ser distinto, es su endiablada aleatoriedad. Para ponernos en situación, se trata de un videojuego en el que tenemos quince días para llegar a la frontera norte de EEUU. Cada emplazamiento, mercado y pueblo que visitamos se genera de manera procedimental, como también ocurre con los eventos aleatorios que surgen en mitad del camino. La traducción de dicha fórmula es que todo, por muy bien que vaya, se puede ir al garete.

Death Road to Canada | Intentando arrancar el cocheSi decides entrar en ese supermercado armando jaleo tal vez te encuentres un tapón al salir, si el coche falla y tratas de repararlo podrías salir herido, si te enfrentas a los bandidos que exigen un peaje quizás no lo cuentes. El mundo es salvaje. Aunque nos hayan vendido lo contrario demasiadas veces, la verdadera naturaleza de los mundos plagados de caminantes es esa, y se ceba con los grupos pequeños. Tienes las de perder.

Para subsanar ese hándicap, Death Road to Canada implementa un sistema en el que cualquiera puede ser el líder del equipo, incluso ese nuevo explorador que acabas de encontrar. Es más, si tu grupo inicial pasa a ser un entrante en el menú de las hordas, puedes seguir la aventura con los que se han ido uniendo al equipo. Esto da pie a situaciones tan pintorescas como que mi único superviviente sea Many, el perro que rescaté al cuarto día, un can que ahora conduce y reparte martillazos a cuatro patas.

Todo en Death Road to Canada es una incógnita con papeletas para convertirse en tragedia. El juego despierta la misma sensación de triunfo amargo al aguantar un día más que me brindó This War of Mine; esa que te dice que saltar un obstáculo no te garantiza, para nada, llegar a salvarte. La diferencia está en que aquí puedes canalizar tu odio a golpes, manejando al explorador con la máscara de caballo mientras tu perro aprieta el acelerador de la furgoneta de los perritos calientes. ¿Quién querría llegar a Canadá con lo divertido que es esto?

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Rocketcat Games
Nota: 8

8