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Análisis: Devil Daggers

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Análisis Devil DaggerAparecemos en el juego rodeados de una oscuridad absoluta e imposible de penetrar, salvo por una pequeña cascada de luz blanca que cae sobre una extraña daga antigua, como una señal de alguna propiedad divina o de fuera de este mundo. Debe de ser una visión parecida a la de un niño a punto de nacer, flotando en la nada hasta que un día algo cambia y encuentra una salida hacia la existencia. Pero la temática en Devil Daggers es en realidad lo contrario: al parecer esa daga mágica es algún tipo de reliquia ancestral que nadie debe tocar, el castigo es demoledor: estamos condenados a combatir aberraciones dantescas sobre un cuadrilátero en mitad de la nada. Si te alcanzan, mueres; si te caes, mueres; si juegas, en definitiva, mueres. Porque en Devil Daggers se trata de morir lo menos posible, pero siempre morir al final.

Bajo un aspecto que recuerda al primer Quake —esa suerte de imaginería satánica a base de sprites en baja resolución y polígonos incipientes, ese tono marrón y oscuro y esa fluidez en la acción, el juego de un estudio llamado Sorath (según mi diccionario demonológico, «una entidad infernal que rige el 666», el número del Diablo mencionado en el Apocalipsis de San Juan; no se les pueden negar las referencias) nos propone una visión del Infierno basada en la repetición y en el bullet hell: una catarata permanente e imparable de criaturas malignas se arrojan contra el jugador, pero no se separan en oleadas.

Aquí no hay respiro posible para nadie, y solo podemos combatir utilizando un flujo de dagas en llamas que recuerda a los cañones de munición infinita de un shmup, o la posibilidad de un disparo de espera e impacto, parecido al efecto de descerrajar un tiro de escopeta precisamente en los FPS noventeros en los que se inspira y se apoya. La gestión de los tiempos, la movilidad máxima y continua y la reivindicativa actitud retro ponen a Devil Daggers en el mismo saco de otro presunto homenaje que está todavía por salir: Strafe.

En este sentido, la apuesta de Sorath es más limitada pero también más concentrada: sobrevive lo que puedas a este crescendo enloquecido de calaveras voladoras y dragones de hueso y la próxima vez intenta superar tu tiempo.

Quizá lo más interesante de Devil Daggers es algo que no está en el prospecto: las listas de puntuación vienen acompañadas de un vídeo de la partida misma en que se consiguió, de forma automática y muy ilustrativa. Aquí el juego satánico hace su único gesto de gracia y nos permite educarnos en las prácticas malditas de sus monstruos y sus partidas: observando cómo se mueven y cómo disparan los mejores jugadores se aprenden tácticas que nos permiten arañar algunos segundos y, si uno es bueno de verdad, quizá hasta minutos. Lo bien que le habría venido a más de uno estos gameplays de fácil acceso hace dos décadas.

Devil Daggers es una violenta patada a todo lo que ha ido proponiendo el género del disparo en primera persona en los últimos años, un tirar del mantel y tirar al suelo todo lo que hay en una mesa cargada de cubertería, cristalería y, digámoslo, algo de tontería. Y cuando todas las convenciones adquiridas y vicios lamentables están en el suelo rotos en pedazos, este juego del demonio —literalmente— nos planta un cuchillo oxidado con la hoja atada con cuerda a un mango de madera y nos pide, con una voz dura y penetrante, que cacemos nuestra comida si queremos comer. Toca sacar brillo a los reflejos y ejercitar el músculo de la frustración. Y morir, claro. Una y otra vez.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Sorath
Nota: 8

8