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Análisis: Disc Jam

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Rocket League no fue ni mucho menos el primer videojuego en unir dos o más deportes en una modalidad nueva y de cierto tono futurista, pero sí es uno de los que más solidez logró insuflar a la cuestión lúdica: al fin y al cabo si dos deportes viven separados, por algo será. La clave en este caso era que a pesar de mezclar actividades deportivas, Psyonix supo mantener ligero el manual reglamento, sin normas ni obstrucciones a la la fluidez del juego, haciendo sentir al jugador que estaba participando en una partida de algo con sentido que prescindía de condicionantes: empuja la pelota hasta la portería, lo demás no importa; composición compleja, resultado simple.

Análisis: Disc Jam

Disc Jam ha llegado dos años después de la mano de los californianos de High Horse Entertainment a rebufo del juego de los coches futboleros no solamente en lo comercial (ambos salieron con acuerdos con Sony para estrenarse como lanzamientos del servicio PlayStation Plus), sino también en el tono: Disc Jam mezcla el frisbee, el tenis, el Pong y el futurismo al más puro estilo Smash TV para ofrecernos una disciplina deportiva que incluye lo que todas deberían tener: lanzamientos seguidos de una estela de llamas.

Análisis: Disc Jam

La referencia más evidente en cuanto a la inspiración (y algunos dirían que algo más que eso) es indudablemente Windjammers, el clásico imprescindible de SNK y tiene en gestación un remake y que parece haber recobrado cierto interés dos décadas después de su lanzamiento y que viene a pelear por una porción del mismo pastel que Disc Jam: los eSports. En el caso del juego de High Horse el potencial es evidente en el sistema de lanzamientos, que sacrifica la acción de recibir (algo que el muñeco hace automáticamente) a cambio de exigir unos reflejos de velociraptor para la devolución del disco con ciertas garantías de poner en aprietos al oponente. Si el tiro se produce unas décimas después de la recepción, sale despedido con la fuerza de una mosca moribunda y se convierte en una invitación a ser machacados con un efecto vertiginoso o el disparo especial (¡el de las llamas!) que hace que el disco recorra una trayectoria literalmente absurda e imprevisible, punto casi seguro. El escudo cargado también sirve para detener el disco y devolverlo con cierta agresividad, pero el plazo de carga que requiere hace que sea útil solo cuando uno ya acumula cierta experiencia y se ve capaz, no solo de tomar decisiones con mucha anticipación, sino también de ejecutar las acciones midiendo perfectamente los tiempos. Es difícil y es cruel al principio, pero también muy satisfactorio cuando uno logra reflejar en pantalla lo que visualizó segundos antes en su cabeza.

Quizá el mayor problema de Disc Jam es la escasez de su propuesta más allá del esqueleto mismo del deporte que retrata. Solo cuatro personajes con distintos balances de habilidad, pero ningún premio a la progresión más allá de desbloqueables de tipo estético (ropa y celebraciones) que en ningún caso afectan a la manera de jugar. En cierto modo tiene sus motivos: el número de recursos y la puesta en escena es siempre igual, de modo que la única progresión posible se desarrolla en nuestros ojos, nuestros dedos y nuestro sistema nervioso; quien mejora somos nosotros, no el muñeco. Si sus responsables logran mantener un buen ritmo de contenido añadido y terminan de pulir el matchmaking (sobre todo en el modo Dobles), puede que Disc Jam tenga sus posibilidades de funcionar como eSport independiente. Más allá de esa hambre competitiva, poco es capaz de ofrecer.

Jugado en: Playstation 4
Desarrollador por: Hight Horse Entertainment
Nota: 7

7