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Análisis: Divinity: Original Sin 2

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Todo comunica. Esa fue una de las primeras lecciones que me inculcaron nada más iniciar mi periplo periodístico. El eco de esa enseñanza sigue resonando en cada una de mis acciones, sea en el ámbito que sea. Para una exposición de un trabajo académico sobre una determinada marca, por ejemplo, vestir con los colores de esa empresa aumenta la solidez de la conferencia, genera unidad discursiva y muestra implicación. Cada palabra y cada gesto influyen en nuestra percepción de alguien o algo. Divinity Original Sin 2 lo sabe y quiere maravillarnos cuidando al milímetro cada uno de los detalles de su maravilloso mundo.

Análisis: Divinity Original Sin 2

La obra de Larian Studios arranca sumergiendo al jugador en un mar de densa brea ludoficcional. En un principio, es difícil asimilar la cantidad de opciones y personajes con los que interactuar en la isla inicial, que constituye una suerte de prisión de la que escapar sin noción alguna. Pero una vez superado el comienzo, el resto de Divinity Original Sin 2 es como ver el vasto océano por primera vez. Es inmenso y cuenta mil historias, así como da mil opciones. Se siente vivo y premia a quien divaga, pues explorar siempre brinda recompensa. De hecho, sin curiosidad (y la habilidad para ello) no se hablará con los animales o los espíritus que pueblan los bosques. Y sin esas informaciones, sin ese contexto enriquecido merced a la exploración, Divinity Original Sin 2 es otro juego totalmente distinto.

La otra virtud de este indie rolero en perspectiva isométrica es su sistema de creación de personajes, mucho mejor que el de su predecesor. El usuario puede escoger una clase y definir a su avatar desde cero o elegir entre seis modelos pregenerados. Eso sí, encarnar a uno u otro no los excluye en el resto de la aventura; todos coexisten y pueden acompañarnos como secundarios. Solo se puede seleccionar a un avatar, pero todos tienen sus inquietudes, amistades, rivales y, sobre todo, un pasado. Para mí, la clase no-muerto es la más interesante. Esta suerte de zombi subvierte las bases estratégicas tradicionales y aporta matices únicos a la jugabilidad. Por ejemplo, tener que disfrazarse para que no detecten nuestra pútrida naturaleza, recuperar salud mediante veneno o perderla con pociones.

Análisis: Divinity Original Sin 2

Esa diversidad se traslada al sistema de combate. Larian Studios oferta una rica gama de magias, movimientos y habilidades para afrontar las lides. Estas son por turnos, tácticas y recurren a los clásicos puntos de acción, al más puro estilo XCOM. La confrontación directa contra los enemigos es la más obvia en un título de estas características, pero Divinity Original Sin 2 es abrumadoramente tolerante. Hubo un combate en el que no las tenía todas conmigo y opté por recurrir a la retórica para distraer a varios enemigos y que derrotarlos en pequeñas cantidades fuera más sencillo. Y funcionó. No obstante, que brinde múltiples alternativas para solventar cada situación no implica que sea sencillo. Ni mucho menos. El combate de Divinity Original Sin 2 es difícil. Si el modo clásico ya supone un reto considerable, en el modo táctico (el más complicado) no duré ni una tarde. Existe un modo fácil para disfrutar de la historia, pero este juego ofrece la misma experiencia sin un mínimo de exigencia en los combates.

Rivellon es cruel, pero hermosa. Uno termina enamorándose hasta de aquellas mazmorras en las que borbotea sangre, ya que el motor propio de Larian Studio posibilita un grado de detalle inconcebible en otras obras del mismo género. Es cierto que las animaciones no destacan por su variedad, pero cumplen. Es en los efectos visuales de magia y ataques de área donde lo técnico brilla en el indie que nos atañe. Por más caótico que sea un duelo, por más cosas que ocurran en un turno, siempre está claro qué y cómo afecta a los personajes. Se nota que Divinity Original Sin 2 aprovechó su periodo en early access, pues es un título pulido y sin apenas bugs. Y eso, en una obra de tales dimensiones, merece todo el reconocimiento. En lo sonoro, Borislav Slavov sucede con acierto al fallecido Kirill Pokrovsky, que fue el compositor de las bandas sonoras originales de la franquicia Divinity y falleció en 2015. Slavov ha sabido captar el toque épico que caracteriza a la música de esta serie y ha hecho valer su experiencia en juegos como Ryse: Son of Rome.

Análisis: Divinity Original Sin 2

Divinity Original Sin 2 es el paradigma de cómo plantear una secuela. Larian Studio ha optado por enriquecer el mundo de su videojuego en lugar de expandirlo sin sentido. Este indie es artesanía; píxeles mimados hasta el extremo y mil historias en cada rincón. A eso hay que sumar un modo cooperativo para cuatro jugadores, soporte para mods y la opción de competir contra otros en el modo maestro del calabozo. Quizá su único pero, al menos para un importante número de jugadores, sea la traducción, pues el inglés que exige es avanzado y la cantidad de texto enorme. Pero, ante todo, Divinity Original Sin 2 es la prueba de que este género ha renacido para quedarse. Tan divertido como desafiante, supera las expectativas generadas por su antecesor y se erige como el GOTY del rol en este año.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Larian Studios
Nota: 9

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