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Análisis: Dragon's Wake

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Entre humanos y dragones siempre ha existido un conflicto de dominación. No es la primera vez que nos encontramos una historia que empieza con “érase una vez, el mundo estaba dominado por los dragones”, ni seguramente la de Dragon’s Wake será la última. Pero donde muchos podrían pecar de genéricos, bastan un par de gotas de buena narrativa para plantarnos ante una obra más que solvente.

El título es obra de Stephen Ashby, alguien con experiencia en el “muestra, no cuentes” que tanto se pide en el cine y los videojuegos; su colaboración con 2K Games en Bioshock 2 le avala. Aquí nos encontramos ante una propuesta sin una sola línea de diálogo, porque Dragon’s Wake nos cuenta todo lo que ocurre a nivel visual.

Y en la eterna lucha entre hombre y lagarto, aquí ocupamos el lugar de la bestia alada. Aunque en otras historias esto pudiese suponer una clara situación de superioridad, el mundo de Ashby es uno de aquellos en los que la caza a los dragones ha llevado a la especie al borde de la extinción. Tu primer paso es romper la cáscara del huevo, el segundo huir de una muerte segura.

No hay una verdad más gráfica que la cruel realidad y eso es justo lo que te encuentras al empezar, un mundo donde lo hostil tiene más presencia que lo amistoso. En Dragon’s Wake creces, evolucionas por pura necesidad para seguir viviendo. De la pequeña criatura hasta el imponente dragón que acabas siendo, tras dos horas de juego, hay todo un camino en el que solo sobrevive el más fuerte. O el más listo.

Porque ser un dragón no te da garantías. La presencia acechante del caballero negro te pisará los talones, te obligará a posponer un enfrentamiento que sabes que va a ocurrir pero que todavía no estás preparado para ganar. Tal vez necesites que tu llamarada sea más fuerte, o conseguir lanzar bolas de fuego, y tampoco te vendría mal saber batir las alas más de tres veces.

La de Dragon’s Wake es una historia condensada en apenas 120 minutos que sabe ser ágil en todo momento y consigue cerrar con un buen final. El clímax de la historia se encuentra con la plenitud de tu poder; ahora eres fuerte, ahora puedes ganar. No es un juego con un control fácil, pero acabar dominándolo es también una fase más de tu aprendizaje. Al fin y al cabo empiezas rompiendo la cáscara de un huevo, eres tan patoso como te tocaría ser.

El juego tendrá un diseño artístico algo pobre, algo que, a su favor, también le da un toque tierno e infantil a esta pequeña fábula. Puede que no sea el más variado en cuanto a enemigos y zonas distintivas, e incluso su banda sonora es limitada. Aun así tiene alma y me atrevería a decir que con eso basta. Nunca me había sentido tan grande en un videojuego tan pequeño.

Jugado en: PC Windows
También en: Mac OSx y Linux
Desarrollado por: Brainbox Software
Nota: 8

8