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Análisis: Enter the Gungeon

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Los minutos iniciales de Enter the Gungeon son
como el tutorial que nunca tuvo Nuclear Throne. Tras una breve historieta, el simpático Ser Manuel nos enseña a “sobrevivir a este maldito laberinto”, el lugar que conocemos como la Armazmorra. No es solo una primera toma de contacto con las mecánicas, también es un modo de decirte que esto es un arcade frenético, pero no te lanzarán en pañales a una muerte segura.

Como es evidente, las similitudes entre este juego y la propuesta de Vlambeer son inexcusables, aunque también podríamos citar a The Binding of Isaac o a Rogue Legacy y no pasaría nada. Enter the Gungeon no está aquí para reinventar, ni falta le hace. Le basta con tomar prestados los aciertos de los títulos mencionados para ofrecer una experiencia sólida, exigente y tan larga como quieras.

El presente es un título shoot ‘em up 2D isométrico que encerraríamos dentro del género de los dungeon crawler. Además, viene aliñado con escenarios que mezclan el diseño procedimental con otras salas hechas a mano; algo que le confiere ese toque de rejugabilidad extra que le pediríamos a un buen arcade. De hecho, el mayor atractivo de Enter the Gungeon es que está concienzudamente diseñado para que vuelvas a él.

Porque para desbloquear la tienda que te permite comprar nuevo armamento debes rescatar a Cadence y Tinker -los tenderos- en una incursión, porque para conocer los finales de cada personaje hay que terminar el juego con cada uno y porque, seguramente, para dar con el final “bueno” necesitarás ver el malo. Y no es cualquier final, los hay que esconden nuevas zonas y jefes.

Enter the Gungeon sabe ganarse al jugador agradeciéndole su regreso. Lo que al principio parece un lugar de tránsito en tu intento por llegar al final de la Armazmorra, la Brecha, acaba siendo una zona que te habla del lore, te abre nuevas opciones y te saca alguna sonrisa. Porque este es un juego con numerosos toques de humor pero que sabe tomarse en serio.

Los jefes, que aparecen en un orden aleatorio en cada partida, siempre tienen ese toque cómico que te hace recordarlos. Es difícil no hacerlo cuando te enfrentas a una paloma ciclada disparando una Gatling, o a dos balas gemelas con tanto flow que harían temblar a Daddy Yankee. Lo mismo ocurre con los personajes, cuatro a elegir, a los que un par de líneas biográficas y un agradable diseño les basta para distinguirse del resto. Porque a veces menos es más.

Mención especial merece la brutal variedad de armas y objetos que esperan a ser desbloqueados; 190 y 200 en total, para ser exactos. Las hay que simplemente son una magnífica opción ofensiva, como el lanzacohetes, pero también hay otras tan esperpénticas como un rifle que te permite disparar almas que persiguen y quitan la vida de tus enemigos.

El juego de Dodge Roll Games se siente bien a los mandos, especialmente al teclado. Es, como ocurre con Nuclear Throne, The Binding of Isaac y Rogue Legacy, un título que puedes terminar en tu primera partida, aunque difícilmente lo consigas. Es un hueso duro de roer, pero uno de los buenos, de aquellos que no te importa que tarden días a doblegarse ante ti. Cuanto más lo muerdes, mejor sabe.

Jugado en: PC Windows
También en: Mac, Linux, Playstation 4
Desarrollado por: Dodge Roll Games
Nota: 8

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