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Análisis: Everything

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La vida es cuestión de perspectivas. Diversificarlas enriquece y posibilita el progreso, mientras que aferrarse a una sola aísla y margina. Así, resulta imposible comprender el mundo si no es como un cúmulo de visiones distintas. Y no hay videojuego que permita ponerse en la piel de otros mejor que Everything.

La segunda obra de David O’Reilly nos permite ser todo. Literalmente. Su simulador vital invita a controlar cualquier forma de vida de las que habita en su universo procedural. Everything hiperboliza a Mountain, su anterior trabajo. Si en él demostró el cariño que puede despertar una montaña, su reciente lanzamiento lo extiende a cualquier ser, desde moléculas de polen hasta el mismísimo astro rey.

Análisis: Everything

No hay mejor definición para la propuesta de O’Reilly que el gameplay que el autor compartió en marzo de 2017. El inicio de la pieza recita que una de las primeras cosas que debemos comprender “es que toda criatura sensible y consciente del universo se considera a sí misma como un ser humano”. Pero es en una de las frases siguientes donde se capta a la perfección la esencia de Everything. “Lo que nos define como una persona es desde dónde miramos”, sentencia firme la voz de Alan Watts, filósofo británico.

That’s the game, that’s Everything.

David O’Reilly ha creado un juego experimental sobre la empatía. En Mountain, el autor nos enseñó a ver el mundo con los ¿ojos? de una montaña. Aquí aprendemos a ver el mundo a través del mundo. Everything ayuda a entender a otros porque nos convierte en ellos. Uno puede juntarse con otros seres de su especie o restar solo; esta obra no penaliza ningún comportamiento. No hay perspectivas absolutas, tampoco formas correctas de jugar. Es holismo interactivo y, como tal, deconstruye las individualidades para trascenderlas y así entender el conjunto. Everything, como la vida, depende del lugar desde donde mires. Y con 3.000 personajes jugables, no faltan formas de ver el mundo.

Análisis: Everything

En Everything podemos ser una flor que mira a la Luna antes de convertirse en ella para después tornar en las estrellas que la rodean. Pero su virtud no es tanto hacernos entender a las partes como comprender el todo que las rodea. En palabras de Eva Cid en su brillante texto en Nivel Oculto, "nada existe de forma aislada, sino que todo se define en relación al entorno". Cómo interpretamos el mundo depende de múltiples factores individuales, pero es la interacción con el entorno lo que determina esos rasgos y, por ende, lo que realmente conforma nuestra perspectiva. Citando a Cid de nuevo, “el grado de interés que despierta el juego depende enteramente de quién está al otro lado, de su curiosidad”.

Everything es una suerte de billete para viajar entre perspectivas y reflexionar sobre nuestra individualidad. No es complejo en lo jugable, pues apenas requiere de dos botones: con L2 encarnamos a los seres más pequeños, mientras que con R2 hacemos lo propio con los más grandes. La primera partida no dura más de dos horas, pero es rejugable hasta el infinito; las grandes preguntas de la vida nunca se resuelven. En el caso de este ensayo filosófico ludoficcional, O’Reilly se cuestiona sobre la identidad y sobre qué es lo que nos otorga la condición de personas. Antes de eso, fuimos un todo. O como diría Alan Watts, “hace billones de años eras parte del Big Bang, pero ahora eres un complejo ser humano”.

Análisis: Everything

En 2017 contemplo el sector del videojuego Joy-Con en mano y eso dificulta que pueda ver más allá de Hyrule o de los ojos de Cappy. Empero, como periodista debo alejarme del “yo” cada día para que mis sesgos personales no me impidan ver qué ocurre. Ahora, al final de estas líneas, esa posición casi omnisciente me permite vislumbrar una obra valiente, que no sigue las lógicas del blockbuster y que se atreve a ser experimental. Títulos así son necesarios para consolidar el videojuego como arte, aspiración que pasa inexorablemente por acumular múltiples perspectivas interactivas. Mire desde donde mire, Everything es un trabajo clave para el progreso del videojuego.

Jugado en: PlayStation 4
Desarrollador: David O’Reilly
Nota: 9

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