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Análisis: Far From Noise

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Empecé el 2017 aterrado por las dudas. Era el año en el que empezaba mi último año de carrera y la incertidumbre profesional me desolaba. En lo personal, no estaba cómodo con mi círculo de amistades, pero no me atrevía a marcar distancias y dejar de vivir en unos perennes 17 años. El cambio nunca es fácil y menos cuando el futuro se cimenta sobre pilares de arena. Mi mente nunca descansaba y empecé a padecer ansiedad.

Pero entonces ocurrió: diagnosticaron cáncer a un familiar muy cercano. Perdí la cuenta de las noches de hospital y aquel habitáculo tornó en limbo. Aislado de todo, allí tome las decisiones que tanto me amedrentaban. Si la muerte tiene un poder igualatorio, todo lo que la precede goza de un poder clarificador. En ese momento Schrördinger, en el que una de las personas más importantes de mi vida no estaba ni viva ni muerta, me encontré conmigo mismo. Del hospital salió el Israel que soy y quiero ser, por suerte, acompañado de mi familiar sano y salvo.

Crítica: Far From Noise

Alcancé la plenitud manteniendo un equilibrio de funambulista. A un lado de la cuerda, los recuerdos de una vida. Al otro, la muerte de un ser querido. Ni rastro del resto de preocupaciones, aquellas que tanto sueño me robaron. Como el conductor del coche de Far From Noise, encontré la verdad en el medio.

La obra de George Batchelor habla precisamente de cómo nos descubrimos a nosotros mismos cuando la parca acecha. Su premisa es simple: un coche está al borde de un acantilado y el conductor no puede escapar. Como si del gato de Schrödinger se tratara, está vivo y muerto a la vez. No hay más alternativa que aguardar a que la moneda, o más bien el coche, caiga sobre un lado u otro. Solo esas circunstancias posibilitan una conversación reveladora con uno mismo.

Pero su mayor virtud es que nunca se flipa. Batchelor huye del tedio existencialista y de la filosofía superficial y pedante. En un momento así, uno no divaga. El pensamiento fluye impulsado por el terror, pero la indiferencia que genera no poder hacer nada contiene lo irracional. Del mismo modo, no hay rastro de redes sociales, notas ni trabajos. Cuando la muerte suspira en nuestra nuca, uno solo piensa en el momento.

Far From Noise nos pide literalmente que respiremos profundamente, quiere que olvidemos las minucias y nos centremos en el instante. Ni pasado ni futuro; Far From Noise es presente. Como la meditación, su potencial revelador exige prestar atención. El título de Batchelor propone algo atípico en una sociedad mosaico, pues quiere que frenemos y que brindemos atención a lo que nos rodea.

Y eso no lo consigue tanto merced al plano discursivo como al ambiental. En plena naturaleza, a la misma distancia de la vida que de la muerte, uno percibe el mundo que le rodea. El piar de los pájaros o el viento meciendo las ramas son sonidos que siempre nos envuelven, pero que nunca atendemos. Verdades que están ahí, pero que el ruido vital opaca. Precisamente, cuando nos alejamos de él, como incide el título, somos conscientes del instante en el que vivimos. Far From Noise es un recordatorio para que, por vertiginosa que sea la vida actual, nos olvidemos de los tormentos del ayer y las dudas del mañana.

Yo necesito juntar varios párrafos para transmitir algo similar, pero Batchelor lo logra con poco más que una conversación plácida, el crujir del coche y los sonidos de la naturaleza. No puedo describir más porque no lo hay. Y tampoco hace falta. El borde del precipicio y el limbo del hospital son dos lugares a los que no quiero volver. A Far From Noise se juega una vez en la vida; no quiero, y os pasará lo mismo, revisitar el barranco. Lo que sí me apetece es llamar a mi hermana, dar un paseo con mi perra, besar a mi pareja y detenerme a escuchar el mar. Y eso, en mis circunstancias y el tiempo acelerado en el que vivimos, merece más que un GOTY.

Jugado en: PlayStation 4
Desarrollador: George Batchelor
Nota: 8

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