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Análisis: Ghost

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Recuerdo que, a finales de marzo, con el estreno de My Nintendo y la tontuna pasajera que fue Miitomo, pude hacerme con los puntos suficientes para canjear Metroid Fusion. En sus tiempos lo jugué casi en su fecha de salida y me apetecía ver cómo le habían sentado los catorce añazos que ya lleva a la espalda. Fue una buena semana de mayo. Por eso, cuando supe que podía encargarme del análisis de Ghost me temí lo peor.

Me tocaba volver a un género que tenía muy reciente de las manos del creador de Unepic; un buen juego, sí, pero también uno bastante largo. Demasiadas horas dedicadas a un mismo género, en tan poco tiempo, creí que me saturarían. Cuánto me equivocaba. Porque bajo ese manto de metroidvania clásico, la nueva obra de Francisco Téllez esconde diversas capas de profundidad.

La premisa básica de Ghost se centra en explorar una estación espacial plagada de defensas robóticas. A los mandos manejas a la protagonista que pone nombre al juego, alguien (o algo) capaz de controlar remotamente a casi cualquier cyborg a bordo de la Nakamura; un lugar donde supuestamente se está gestando algo gordo. La única condición indispensable es que el cuerpo matriz permanezca a buen recaudo; si muere, fin de la partida.

Como ya ocurrió con el primer juego del desarrollador catalán, la personalización y el progreso son la clave del éxito. Se ha vuelto a establecer un sistema de mejoras con suficiente verticalidad para que el usuario experimente a su antojo, pero a la vez se trata de algo capital si no quieres morir. Y no hay poco donde elegir, precisamente. A las cuarenta armas (diez de ellas principales) hay que sumarles otros tantos artefactos temporales, mejoras y habilidades pasivas permanentes. Un auténtico bufé libre.

Lo malo de los artefactos y mejoras es que se consiguen mediante unos cubos que vendrían a ser la moneda de cambio del juego. Digo que es malo porque la mejor manera de obtenerlos es superando pequeñas pruebas donde debes sobrevivir a distintas hordas de enemigos. Son zonas que se van reiniciando y no ofrecen una recompensa excesiva, así que en cierta manera hay que grindear. Algo que inevitablemente frena el ritmo de la experiencia.

Sin embargo por encima de todo gadget sigue primando la habilidad. La vida de Ghost puede esfumarse si te relajas un segundo y dejas que el enemigo te arrincone o invada todo el escenario. Porque la verdadera amenaza es más colectiva que individual. Cada robot es bastante asequible por separado a excepción, lógicamente, de los jefes de zona. Puede que en este aspecto el escalado de la dificultad tenga varios picos injustos, pero no es nada que te sorprenda si vienes de Unepic.

Como entonces, te tocará memorizar dónde se venden las buenas mejoras, acumular fortunas que perderás en un despiste y atascarte ante ese jefazo que te está tocando la moral. Te encontrarás con un humor que rompe varias barreras, homenajes a juegos clásicos y alguna trolleada por parte del creador. Francisco Téllez ha logrado imprimir un sello personal que funciona, dejando que cada uno de sus juegos se exprese como algo totalmente único pero compartiendo espíritu. Y no, no se puede comparar con Metroid Fusion.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: @Unepic_Fran
Nota: 8

8