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Análisis: Headlander

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Nadie puede negar que de un tiempo a esta parte los videojuegos se han vuelto un poco genéricos. Hay más variedad de géneros, más fidelidad gráfica y más desarrolladores independientes que nunca. Cada semana salen juegos nuevos con ideas sorprendentes y mecánicas nunca vistas. Y sin embargo, cuantos más juegos pruebas, más claro te queda que en la industria del videojuego hay una falta de personalidad acuciante.

Casi todos los juegos de acción AAA tienen unas mecánicas y una estética definidas, y hasta las modas y la falta de recursos nos han impuesto una estética de lo que es “un juego indie” que hoy en día incluso grandes compañías como EA o Ubisoft empiezan a copiar.

Quizá por eso resulta tan refrescante encontrarse un juego tan extraño como Headlander, que mezcla con ironía y sentido del humor la estética entre retrofuturista y camp de la ciencia ficción de los años 70, los efectos visuales caleidoscópicos del cine de finales de los 60 y las mecánicas de un juego de puzzles y disparos en 2D con toques de Metroidvania.

Análisis: Headlander

En el nuevo juego de Double Fine manejamos una cabeza sin cuerpo, probablemente el último ser de carne y hueso que queda en un universo dominado por inteligencias artificiales, que utiliza unos pequeños propulsores para ir flotando de cuerpo robótico en cuerpo robótico mientras avanza por los intrincados niveles de una estación espacial.

Las mecánicas alternan momentos de disparos en los que debemos destruir la cabeza de robots para poder utilizar sus cuerpos, puzzles ambientales en los que abriremos puertas y alcanzaremos lugares inaccesibles, e incluso momentos de bailoteo desenfrenado que dan forma a una mezcla innovadora y sorprendente que supera el estancamiento de un género tan sobreexplotado como el Metroidvania.

Y todo ello aderezado con una banda sonora a medio camino entre el rock progresivo, la música disco setentera y el funk robótico a lo Daft Punk y los diálogos inteligentes, los personajes simpáticos y el sentido del humor gamberro que ya se han convertido en marca de la casa del estudio fundado por Tim Schafer.

El resultado es un juego distinto. Con una personalidad propia que hace que resulte muy fácil perdonarle fallos como algunos petardeos técnicos, combates contra jefes no del todo inspirados o mecánicas que no funcionan tan bien como otras. Porque, al fin y al cabo, entre tanto protagonista genérico de juego acción, tanto AAA testosterónico y tanto entorno infantil de juego de plataformas se agradece que de vez en cuando algún juego use la cabeza.

Jugado en: Playstation 4
Desarrollado por: Double Fine
Nota: 7

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