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Análisis: Hob

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Cuando uno piensa en una aventura, el elemento central es el héroe. Es lógico, la inmensa mayoría de obras, independientemente del arte al que pertenezcan, postulan al héroe como epicentro de la trama. No hay narración sin el protagonista, ni mundo sin que el personaje principal interactúe con él. Incluso el análisis crítico de la estructura de los relatos breves que elaboró Joseph Campbell en 1949 se centra en el héroe y sus mil caras. Pero el valeroso protagonista no es más que un actor puntual en un contexto determinado. Aunque su leyenda perdure, él es un ser caduco. Lo que permanece inexorable al paso del tiempo es el mundo.

Obras como Dark Souls o Breath of the Wild han demostrado el potencial de contar a través de los escenarios. No siempre son el centro de atención, pero sí que hay juegos que entienden que, a veces, las palabras no son necesarias. Hob es uno de ellos, además de una de las sorpresas de este final de año.

Análisis: Hob

La última obra de Runic Games antes de cerrar es un juego de aventuras. Empero, al contrario que en la mayoría de títulos con los que comparte género, la exploración pesa más que la acción. Los escenarios de Hob son un mar de narración implícita en el que sumergirse para conocer su mundo. El decorado trasciende lo cosmético y evoca belleza y melancolía al mismo tiempo. Runic Games es consciente del maravilloso proscenio que han confeccionado y por ello nos golpea los sentidos con planos panorámicos impactantes.

El protagonista de Hob es un ser que porta una capucha roja y vive en soledad. Él es el medio, la herramienta con la que alcanzar el fin último: explorar el territorio. A su pesar, Hob nos enseña que su mundo es cruel sin mediar palabra. Nada más empezar, una viscosa sustancia morada impregna el brazo del protagonista y no hay más remedio que amputarlo. Un autómata le implantará su extremidad derecha, pero ese gesto de bondad robótico no consigue que uno olvide que el protagonista acaba de perder su brazo. Sin articular una sola frase, Hob habla de un mundo pútrido e infecto.

Análisis: Hob

En esa localización semiabierta aguardan múltiples tipos de habilidades, combates empuñando una espada y, sobre todo, una sensación de constante descubrimiento. Para qué comprobar cuál es el objetivo en el mapa si Hob sabe comunicarlo mediante su diseño de niveles. Runic Games premia la curiosidad del que entiende la ausencia de palabras como una oportunidad y no como una limitación. Desviarse no siempre es divagar, pues a veces solo hallaremos el camino principal huyendo del que parecía serlo. Cuando un diseñador recompensa la exploración, el jugador está mucho más predispuesto a indagar cada rincón del escenario y, por lo tanto, a conocer más sobre el mundo ludoficcional que lo rodea.

Las tierras que recorre el protagonista hibridan la naturaleza salvaje con la tecnología. Esta suerte de maquinaria biomecánica está compuesta por engranajes que conforman bosques y llanuras. Avanzar en ella pasa por resolver puzles ambientales en un mundo que constituye un rompecabezas en sí mismo. No se trata de abrir zonas usando las habilidades obtenidas como llaves, sino de moldear la maquinaria para progresar. En ocasiones, esto implicará por romper pequeños muros, mientras que otras habrá que acceder a zonas elevadas mediante el brazo robótico. El mundo es perenne, por lo que Hob no consiste en aclimatarlo a nosotros, sino en adaptarnos a él.

Análisis: Hob

Aunque el combate no es el enclave de Hob, también goza de cierto protagonismo. Aquí recuerda ineludiblemente a Zelda, pese a que sus lides inviten más a esperar el momento oportuno y contragolpear que a ser tan proactivos como lo es el héroe de Hyrule. En lo visual, Hob es encantador. Su estilo artístico, cercano a la caricatura, atrapa casi tanto como su pericia para conjugar los distintos elementos del escenario. Runic Games entremezcla mundos frondosos con metales oxidados, como si el verde fuera tan solo una capa que cubre un corazón mecánico. La banda sonora acompaña discreta, pero siempre eficaz al ambientar. Esa sencillez melódica complementa, aunque sea por contraste, a una estética apabullante.

Pero Hob también tiene fallos. Su cámara no es la mejor, por más instantes bellos que proporcione. Tampoco se libra de ciertos fallos técnicos que lastran la fluidez del framerate. Aun así, Hob es uno de los mejores ejemplos recientes de cómo entender la aventura más allá de la acción. Apela a la épica más pura: la del descubrimiento. Justo aquella emoción que desbordó a Shigeru Miyamoto al recorrer los bosques nipones. Su inquietud nos brindó Zelda; hoy, la curiosidad de Runic Games nos regala Hob.

Jugado en: PlayStation 4
Desarrollador: Runic Games
Nota: 7

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