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Análisis: Layers of Fear

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En su novela de terror y sátira Nana, Chuck Palahniuk hacía un sencillo ejercicio de maldad dándonos un dato que en realidad todos conocemos: «La mayoría de risas enlatadas de las series de televisión se grabaron a principios de los años cincuenta. Así que la mayoría de gente a la que oyes reír está muerta». Era casi como hablarle a un niño del monstruo bajo su cama, un flechazo de inquietud y truculencia que acertaba con crueldad en el corazón del lector, aportando además un pensamiento oscuro que tiende a no desaparecer nunca. Layers of Fear hace algo parecido con la pintura tenebrista de artistas como Caravaggio, Velázquez o Goya: obras que desprenden solo cierta oscuridad se convierten aquí en abominaciones sanguinolentas que no hacen más que liberar la tensión cultivada a cada segundo que observamos esos cuadros.

Layers of Fear

Es un patrón que sigue el propio juego: a medio camino entre el first person walker narrativo y el terror indie a lo Amnesia, Layers of Fear prescinde deliberadamente de mecánicas, de puzles y de combates más allá de algún inconsistente rompecabezas situacional (un pasillo en el que todo sucede hacia atrás en el tiempo y hay que atravesarlo en sentido inverso, por ejemplo) y lo fía todo al poderío de una ambientación detallista y absorbente de corte victoriano. Es un pasadizo del terror casi literal en el que la amenaza no es contra la vida del personaje que controlamos, sino contra nuestro pobre corazoncito de jugador, tembloroso y encogido en su asiento, al otro lado de la cuarta pared.

Análisis Layers of FearLa historia nos pone en los zapatos de un pintor (cojo, por cierto, algo que se traslada con sutileza al desplazamiento en el juego) de tremendo éxito en los años veinte al que la tragedia y la obsesión le han llevado al desastre artístico y también personal. Desde el mismo inicio nos hacen saber que la cabeza no le funciona todo lo bien que debería, y que la plétora de momentos pavorosos y sustos catedralicios son siempre fruto de los delirios de un loco en pleno recorrido hacia el fondo mismo de su propia chaladura. Los fantasmas que le persiguen son, efectivamente, solo suyos.

Alucinaciones, objetos que levitan, puertas que desaparecen a nuestra espalda, habitaciones que menguan cuando nos movemos, muñecas de porcelana con espasmos y los ojos quemados, rastros de sangre de una habitación a otra y sobre todo ese jugueteo constante con el arte pictórico y los cuadros que reciben animaciones de lo más macabras son solo parte del nutrido catálogo de torturas psicológicas que el juego va activando a nuestro paso, con una gestión del ritmo y la tensión que lo convierten en uno de los hijos bastardos del P.T. de Hideo Kojima y Guillermo del Toro y un magnífico representante del horror pasivo y un candidato disfrutar de un potencial mucho mayor si deciden llevarlo a la realidad virtual.

Quizá esa obcecación en apartar al jugador de lo que sucede y trasladarle la experiencia de una forma lineal y ajena a lo interactivo saque a muchos del juego, sobre todo a los más veteranos en cuestiones de terror y malos ratos. No obstante la propuesta de Layers of Fear es honesta y clara desde el principio, y funciona a las mil maravillas si uno desarrolla algún interés por la historia que nos desvelan a base de notas y recortes de periódicos, y sobre todo si decide acatar los límites que su estilo de juego nos impone. Quizá que un asesino nos apuñale por detrás en un museo mientras contemplamos un cuadro sea más terrorífico por verosímil, pero si el personaje de la pintura se arranca la cara con las manos y nos mira a los ojos también da mucho, mucho miedo.

Jugado en: Playstation 4
También en: Pc Windows, Mac OSx, Linux y Xbox One.
Desarrollador por: Bloober Team
Nota: 8

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