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Análisis: Little Nightmares

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Si algo tiene en común Little Nightmares de los suecos de Tarsier con el Inside y el Limbo de los daneses de Playdead es una voluntad manifiesta de turbar al jugador. No se trata solo de escenarios oscuros, las amenazas que debemos evadir con sigilo o el hecho nada casual de que sus tres protagonistas sean niños: es más bien el hecho de que sean niños enfrentándose a cosas tan poco infantiles como la persecución y la muerte. Six, la niña del impermeable amarillo que despierta en un submarino en Little Nightmares, se enfrenta a los terrores más profundos del ser humano, un temor primigenio que es en realidad el primer temor que desarrollamos al poco de nacer y que es el que quizá echa sus raíces hasta lo más profundo de nuestra conciencia para quedarse ahí hasta el final: el miedo al abandono.

Análisis: Little Nightmares

Análisis: Little Nightmares

Rodeados de otros niños secuestrados y encerrados en aquel entorno que mezcla lo industrial y lo fantasioso, la sordidez del almacén de carne con la intranquila oscuridad de la casa de los tres osos de Ricitos de oro, asistimos a un recorrido por todas las fases de lo que parece una terrorífica mecanización de la muerte. La frialdad con la que la cadena lleva la carne de un lugar a otro para su consumo, que solo veremos en un tercer acto absolutamente hipnótico y espectacular, recuerda a uno de los momentos más negros de la historia: el holocausto judío a manos de la Alemania nazi. Quizá la relación es arriesgada o incluso presuntuosa, pero da la impresión de que consciente o inconscientemente sus autores han reflejado esos destellos de horror en su juego, algo que queda respaldado cerca del principio, cuando Six atraviesa como puede un océano de zapatos viejos y maletas: las pertenencias de los muertos, mezcladas y amontonadas en fosas comunes de objetos personales.

Little Nightmares aboga por el terror ambiental, el sigilo y los rompecabezas. Las criaturas deformes y gigantescas que trabajan en el submarino son el obstáculo y el enemigo de Six, que será perseguida y devorada nada más llamar su atención. El diseño de estos monstruos también invita a pensar en la faceta más inquietante de los programas infantiles de marionetas: orondas cocineras con la cara de una manzana podrida dan tumbos por cocinas enormes donde limpian pescado o trocan carne con sus manazas gruesas y su respiración pesada. En otras zonas, una suerte de archivero ciego de larguísimos brazos recorre las estancias palpando cada rincón como una araña gigantesca. El entorno es más protagonista, si cabe de ese terror con sus estancias llenas de detalle y de jugueteo con las escalas y las fuentes de luz, cortadas como si fuesen escenarios de teatrillos o casas de muñecas donde cada centímetro ha sido aprovechado a base de contenido que nos habla de lo que está sucediendo en el submarino.

Me gusta de Little Nightmares la manera en que el juego echa el resto por su propia dirección artística y su mérito técnico, la forma en que confía hasta el último segundo en el diseño de sus escenarios, el horror bamboleante y baboso de sus criaturas, el contraste benevolente de los bichitos de papel que nos acompañan. La fe absoluta en contarnos su propia historia, convencido de que nos estremeceremos con ella sin necesidad de sustos o resortes baratos del terror, y sobre todo la voluntad de hacer que ese cuento infantil y oscuro, como todos los cuentos infantiles y oscuros, sirva para contarnos algo sobre el mundo real. Y ese sí que da miedo de verdad.

Jugado en: Playstation 4
Desarrollado por: Tarsier Studios
Nota: 9

9