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Análisis: Minit

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Una aventura en lapsos de un minuto. Esto es lo que nos propone Minit, videojuego que viene firmado por los desarrolladores Kitty Calis (Horizon: Zero Dawn), Jukio "Kuabee" Kallio (Luftrausers, Celeste), Jan Willem Nijman (Ridiculous Fishing, Nuclear Throne) y Dominik Johann (Hotline Miami 2). Esgrime tu espada, explora el entorno, ábrete paso, mata bichos, y muere. Y vuelta a empezar.

Progresar en el juego se circunscribe a esos sesenta segundos de que disponemos en cada vida y tras los cuales moriremos irremediablemente, y a lo que podamos hacer durante ese breve periodo de tiempo, ya sea abrir una puerta, encontrar un objeto clave que amplíe nuestro repertorio de acciones, o alcanzar un nuevo punto de control. La premisa, sobre el papel, despierta cierto escepticismo. Los temporizadores no se suelen contar entre las mecánicas más populares. Aun así el juego se apropia con inteligencia de esta limitación y la convierte en la batuta que mueve todos sus resortes.

Análisis: Minit

Resulta encomiable que hayan conseguido encajar esta mecánica de breves pildoritas jugables, y la concreción milimétrica que exige, en una aventura que por todo lo demás cuenta con los rasgos característicos de los ARPG clásicos en general y The Legend of Zelda en particular: expansión progresiva del espacio transitable, ampliación de habilidades, misiones con múltiples objetivos, o interacciones no demasiado transparentes con los diferentes personajillos que pueblan el mundo. Y es encomiable porque precisamente este género, por la naturaleza de sus objetivos y posibilidades, es uno de los que más ha estimulado la vis contemplativa de los jugadores. Pero aquí la exploración no está supeditada a grandes distancias que salvar, sino al tiempo. Y lo más interesante es que el juego combina un desarrollo basado en explorar un mapeado en expansión con la mecánica más primitiva y aparentemente restrictiva del videojuego: el ensayo y error.

Todo el diseño del juego late al mismo ritmo, al de los sesenta segundos que tenemos para ir desgranando sus entresijos y poder avanzar. Esto significa que cada pequeño avance que podemos acometer es realizable en esos sesenta segundos. Ello nos obliga a resetear algunos tics, ciertos maniqueísmos con que solemos encarar el acto de jugar a un videojuego. Después de unos primeros compases pululando de aquí para allá sin hacer nada en particular nos damos cuenta de la necesidad de replantear nuestra estrategia, nos percatamos de esta nueva necesidad de concreción. Esta necesidad te la transmite el propio juego, no solo con el temporizador, que es la evidente piedra angular sobre la que pivota todo rango de actuación, sino con la totalidad sus elementos, marcados por el común denominador del minimalismo. Todo cuanto hay en el juego es sencillo, concreto, directo. Este minimalismo no es solo una decisión estética, o una característica que venga limitada por los recursos técnicos de los desarrolladores, sino que es una herramienta comunicativa pensada para enseñarte a jugar a Minit, pero también para hacer que nos replanteemos la forma en que habitualmente interactuamos con los mundos virtuales.

Todo esto además incide en la importancia, subrayándola, de todos los objetivos que vamos completando. Cada uno de ellos es, en sí mismo, un enorme triunfo, por insignificante que a priori nos pueda parecer encontrar una regadera, recoger una simple moneda, o desbloquear un sendero. Y esto tiene un efecto muy interesante en la psicología del jugador, que acostumbrado a evaluar su progreso en términos cuantitativos, ya sea por decenas de horas jugadas, la cantidad de objetos que ha conseguido almacenar en el inventario, o la cifra que indica el nivel del personaje, ahora se ve obligado a reevaluar el valor de sus logros. Aquí lo que impera es el pragmatismo.

Análisis: Minit

Puede parecer que Minit enarbola una filosofía poco romántica, y quizá algo alejada de la esencia del propio acto de jugar, especialmente para quienes, como yo, gustan de almacenar experiencias inútiles, de divagar y contemplar sin limitaciones. Sin embargo, cuando conseguimos conectar con el juego, cuando reajustamos nuestros ritmos a su frecuencia, nos percatamos de que se trata de todo lo contrario. Su propuesta desprende un mimo y un cariño extremos por todas esas dinámicas clásicas de los videojuegos, y las reduce a su mínimo como si quisiera redescubrirlas, devolverles la relevancia, hacerlas especiales, conseguir que todas ellas importen.

En última instancia Minit también puede entenderse como un ejercicio teórico que reflexiona sobre la gestión que tradicionalmente ha hecho el videojuego de la intersección entre el tiempo (el suyo y el nuestro), el espacio, y los recursos, y de cómo todos esos elementos se pueden conjugar para generar experiencias diversas pero, en su esencia, similares, sin descuidar aquello por lo que jugamos: la diversión, y la siempre satisfactoria sensación de descubrir cosas.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Kitty Calis, Jukio "Kuabee" Kallio, Jan Willem Nijman y Dominik Johann
Nota: 8


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