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Análisis: Nex Machina

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Hay algo de artesanal en el arcade. La disposición de cada píxel responde a una motivación concreta; es un trabajo calculado y mimado con esmero. El entretenimiento inmediato que ofrece constituye el primer contacto de muchos con el medio videolúdico. Es quizá el género que mejor encaja con el concepto puro de videojuego.

Pero mi visión romántica del arcade no me impide ver que, cual joven Werther, el género se aproxima a un final fatídico. No entraré en quién lo está matando o en si se trata de un suicidio por inadaptación a los nuevos tiempos. Este texto no es un panegírico para honrar la memoria del arcade, sino un aplauso enfervorecido a quienes se esfuerzan por mantenerlo vivo. Cada una de estas líneas da las gracias a Housemarque bombear disparos al maltrecho corazón del género para evitar su pérdida. Por desgracia, se le han acabado las balas.

Análisis: Nex Machina

El estudio finlandés deja el arcade para siempre con Nex Machina, pero no se me ocurre mejor forma de hacerlo que con su magnum opus. En este indie, que hace apología del placer inmediato, controlamos a un menudo avatar por una serie de microescenarios repletos de enemigos. Housemarque solo exige que superemos cada oleada y rematemos al jefe final para culminar el mundo en cuestión. Nos movemos con un stick, disparamos con el otro y quedan un par de botones para ejecutar el dash y las armas especiales. Eso es todo; no necesita más.

Jamás dejará de sorprenderme la magia del buen diseño de niveles. La complejidad de Nex Machina radica en que renuncia a crecer a lo largo —es posible terminar sus seis mundos en poco más de una hora— y apuesta por expandirse a lo ancho. Simple y lacónico en apariencia, cada fase esconde una riqueza abrumadora con nuevas fórmulas para aumentar la puntuación, objetivo último de todo arcade. Hallar salidas alternativas, rescatar a todos los humanos presos o ejecutar el dash en el momento óptimo son acciones que aumentan los puntos —y los logros—.

Análisis: Nex Machina

Esa diversidad torna en multiplicador de las horas a invertir en Nex Machina. Su apartado visual, eminentemente barroco, también contribuye a prolongar el tiempo frente a la pantalla. Me fascina la claridad con la que se lee Nex Machina. Especialmente porque las fases se llenan de píxeles desperdigados al poco de empezar. Sin embargo, en esa sobredosis visual no existe el caos, ya que la elección de los colores favorece la abstracción.

Nex Machina logra, como R-Type o Gradius, que el jugador lea entre líneas —más bien entre balas—. Cuando uno entra en “la zona”, es posible seguir la acción incluso en los momentos de hipertrofia audiovisual y máximo estrés. Esa “zona”, como expone José Altozano en su vídeo sobre Cuphead, constituye el momento en el que el jugador consigue leer el juego sin importar la velocidad que este alcance. Ocurre en los títulos de lucha, pero sobre todo acontece en el arcade. La facilidad para entrar en ese trance define a los jugadores competitivos. No obstante, posibilitar esa suerte de hechizo es responsabilidad de los autores.

Análisis: Nex Machina

Al contrastar los colores vivos de los vóxeles que salen disparados y los tonos oscuros de los escenarios, Housemarque regala un billete de ida para “la zona”. Las luces de neón de los disparos enemigos iluminan y clarifican el camino a seguir. Eso es lo que convierte a Nex Machina —véase la acepción vinculada a los estupefacientes— plenamente satisfactorio. Transparentar lo opaco; hacer inteligible o ilegible. Esa es la magia del arcade y la gran virtud de Nex Machina, que rechaza el bullet hell para transportarnos a un paraíso de balas.

Tras la inyección de adrenalina que supone jugar al último arcade de Housemarque, llega el bajón. Me frustra que el género encuentre en obras como Nex Machina, RIVE o Super Hydora a sus últimos exponentes. De nosotros, el público y la prensa especializada, depende que el uso que se le dé a la última bala del género. Matarlo o seguir disparando contra hordas de imparables enemigos.

Jugado en: Playstation 4
Desarrollador:
Housemarque
Nota: 9

9