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Análisis: Night in the Woods

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Todos los que hemos nacido entre el año 1984 y el año 2000 tenemos algo en común: estamos jodidos. Somos la generación sin oportunidades, los que están a punto de cumplir 30 y siguen viviendo con sus padres.

Somos los millennials, y ser millennial no es guay.

Nos han dicho que somos la generación más preparada de la historia, pero nos han preparado para un mundo que no existe. Y ese es el tema central de Night in the Woods. Un juego que representa a nuestra generación como pocas obras hasta la fecha, y lo hace con algo muy millenial: los gatitos, los perritos y la depresión.

Análisis: Night in the Woods

Night in the Woods nos pone en la piel (o mejor dicho, el pelaje) de Mae, una joven gata que acaba de dejar la universidad y vuelve al pequeño pueblo minero en el que creció. Allí se encuentra un entorno totalmente deprimido por la crisis y unos amigos igual de deprimidos por la crisis… pero también por sus movidas.

Al poco tiempo, Mae empieza a tener sueños extraños y acaba convencida de que hay fantasmas en el pueblo. Algo que no deja de ser cierto si consideramos que un fantasma, por definición, es alguien que se ha quedado atrapado entre dos mundos. Como le sucede a los personajes del juego y a cualquier persona de nuestra generación.

La misma Mae es una persona gata entre la adolescencia y la edad adulta. Y su entorno es un pueblo que se sigue considerando minero aunque las minas cerraron hace muchos años.

Análisis: Night in the Woods

Esto da como resultado un juego divertido y melancólico a partes iguales, que puede durar entre 5 y 20 horas dependiendo de lo que nos apetezca hacer en cada momento.

Puede que no acabe de encajar en lo que los “true gamers” consideran como videojuego. Algo curioso si tenemos en cuenta que tiene más tipos de interacción que cualquier triple A. En el juego de Bethany Hockenberry, Alec Holowka y Scott Benson puedes saltar, tocar el bajo, pegarte con tu mejor amigo, bailar, disparar, robar, hablar, trepar e incluso jugar a un juego dentro del juego que imita con bastante gracia a los Zelda clásicos de 16 bits.

El juego de Infinite Fall es una obra que recuerda tanto al sueño americano deconstruido de los cómics de Chris Ware o Daniel Clowes como a un hilo de Twitter en el que una niña de 18 años explica por qué es importante pegar a los nazis. Es un juego de nuestra época, hecho por gente de nuestra época para ser jugado por gente de nuestra época. Algo especialmente refrescante dentro de un medio tan escapista como el videojuego, que muchas veces decide separarse voluntariamente de la realidad en una frontera hecha con dinosaurios biónicos, niños con espadas y problemas que se arreglan matando a un malo muy malo al final.

Night in the Woods no tiene miedo a ser ridículo, vulnerable e imperfecto. Como Mae, como nosotros mismos.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Infinite Fall
Nota: 9

9