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Análisis: Nightmare Boy

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Era un fin de semana frío, de esos en los que el sol se olvida de salir. De noche, fui al salón con el paso inquieto que caracteriza a un tierno niño de cinco años. Quería saber qué estaba haciendo mi padre; la curiosidad del hoy periodista empezaba a aflorar. Escuché el eco de la televisión, que me guiaba por un pasillo cuya luz se me olvidó encender. Entré en la penumbra atravesando la niebla que humeaba del caliqueño perenne de mi padre. Lo descubrí adormilado y mi instinto pueril derivó mi mirada hacia el televisor. Entonces lo vi. Una tez carbonizada, con cada poro en carne viva, garras metálicas y una sonrisa que paralizó mis sueños durante años. Freddy Krueger es el recuerdo de que nunca estás a salvo, ni siquiera en el lecho.

Con semejante relato, imaginad mis ganas de visitar el mundo de las pesadillas en un videojuego. Lo onírico acostumbra a protagonizar bastantes ludoficciones. Enamora cuando habla de sueños, enamora cuando hay que interactuar con las pesadillas. Por lo menos, en Nightmare Boy, Billy me acompaña en tan grotesco periplo.

El título de The Vanir Project nos pone en la piel de Billy, un joven que visita pesadillas convertidas en escenarios que son puro metroidvania. Como tal, Nightmare Boy combina acción, exploración y recolección de, en este caso, gemas y cristales. Pero la verdadera pesadilla es su sistema de combate, una faceta tan chirriante que es capaz de destrozar mi relación con el bueno de Billy.

Análisis: Nightmare boy

La exploración es el elemento central de todo metroidvania y el combate nunca debe interponerse en el recorrido. Las batallas son un complemento para reforzar la sensación de desorientación y amenaza constante. Sin embargo, cada golpe es una molestia en Nightmare Boy. The Vanir Project se pierde entre efectos visuales que opacan los impactos y enturbian el combate. Acostumbrarse a esto, que entorpece sobremanera el progreso, es el auténtico mal sueño.

No hay metroidvania sin adquisición de habilidades y Nightmare Boy, aquí sí, lo implementa muy bien. Billy debe salvar a los niños encarcelados en las pesadillas, para lo que tendrá que derrotar a unos jefes finales que, ya vencidos, le otorgarán mejoras como el doble o el triple salto y disparar proyectiles, entre otras. Incluso con estos dones, Nightmare Boy está diseñado con pericia y es retante ya en la dificultad normal. Incluso recomiendo probar en el modo fácil a los menos duchos. En una línea similar a Cuphead, Nightmare Boy se dirige a un público curtido. Y donde más se percibe es en su particular sistema de guardado.

Análisis: Nightmare boy

Para registrar el progreso hay que abonar gemas, por lo que este guardado de pago invita a ser precavidos y no abusar de él. A su modo, es una forma de incrementar la exigencia, sobre todo cuando aumenta el coste de cada punto de control conforme se usan. No resulta problema en tanto que abundan las gemas, pero farmearlas para poder apagar la consola es una mala faena.

Con una identidad visual propia y una música correcta sin más, Nightmare Boy aprueba en lo técnico. Es una obra particular, pero su mediocre sistema de combate no ayuda a apreciar sus rarezas. Un buen reto para los amantes del metroidvania, casi tanto como lo es no hartarse de su molesto sistema de combate o de su tediosa fórmula de guardado.

Jugado en: PlayStation 4
Desarrollador: The Vanir Project
Nota: 6

6