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Análisis: No Man's Sky

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Existe una teoría dentro del estudio de videojuegos que habla de ciertos géneros y mecánicas como simulaciones, esencialmente, de un empleo. Sucede sobre todo con la última gran oleada de juegos de supervivencia: distintos indicadores nos apremian para que llenemos nuestras barras de vida o hambre, y solo en medio de esas tareas monótonas y repetitivas se nos ofrece la libertad siempre limitada de explorar, que es en definitiva el primer acto lúdico del ser humano. Igual que en la vida: solo fuera del trabajo, el tiempo libre, obtenemos, ya lo dice la palabra, algo de libertad.

No Man’s Sky nació como una contramedida conceptual, o eso parecía querer decirnos: el universo está a tu disposición, tienes la tecnología para explorarlo y tienes extensiones casi infinitas que en gran parte solo tú visitarás. La soledad del hombre libre, que diría Thomas Mann, se convertía en la parte más interesante de toda la experiencia según nos la vendieron, un descenso hacia lo desconocido y lo intimidante con una estética fabricada por máquinas y una variedad asfixiante de lugares por ver. Parecía complicado enlazar esa especie de espíritu contemplativo con las urgencias típicas del videojuego, siempre preocupado por no aburrirnos, por tener algo que decir, por proponernos tareas y misiones y aventuras. Era un reto difícil que apuntaba sin duda a un proyecto en cierto modo experimental y solo apto para mentes dispuestas a la novedad aunque eso signifique una ruptura con el hábito de jugar en su formato más convencional y publicitable.

Tan desafiante era la idea original que sus propios autores parecen haberse rendido con ella.

No sé si culpar a la campaña publicitaria (el marketing, siempre el maldito marketing) absolutamente hipertrofiada que Sony ha organizado para promocionar lo que se suponía que iba a ser un indie ambicioso y se ha quedado en un indie con asterisco, o si realmente el embrión de No Man’s Sky contemplaba añadidos tan poco adecuados como el combate a pie, el crafteo convencional o el inventario limitado. Pero son tres de las manchas más oscuras, espesas y desquiciantes del juego para aquellos que se acercan a él dispuestos a facilitar algún tipo de conexión emocional, a adentrarse en los paisajes coloridos sobre el que caminan criaturas impensables y crecen plantas y minerales de formas caprichosas. El aterrizaje en un planeta sin colonizar, la exploración de cavidades inhóspitas, el descubrimiento de antiguas ruinas de civilizaciones remotas, el aprendizaje sobre su cultura e incluso su idioma. Los ingredientes están ahí, pero se han cocinado de la manera equivocada, y el resultado es un plato que sabe bien pero no ganaría un certamen gastronómico.

El de Hello Games es un producto extremadamente difícil de valorar, un caos de aciertos y torpezas que muchos jugadores no están sabiendo siquiera cómo enfrentar y han decidido huir de él, literalmente, exigiendo reembolsos o vendiendo sus copias en establecimientos de objetos de segunda mano. Hay cientos de miles de juegos que son una basura unánime donde todo falla, pero ninguno ha sufrido las iras del público como No Man’s Sky. La explicación se esconde en la propia naturaleza del juego, y sobre todo en la parte más idealista y voluntariosa de su propuesta: la combinación de paseos bucólicos espaciales queda enfrentada al ramalazo colonialista y militar de extraer minerales, derribar puertas de metal y espantar centinelas a tiros.

Es un juego que no sabe hacia qué lado decantarse, que tiene un miedo muy evidente a no cumplir con unas expectativas que han ido creciendo como una enorme bola injusta y peligrosa. Cuando deja de ser Proteus para parecerse a Halo no solamente se resquebraja su sentido de lo experimental, sino que tampoco abandona del todo su propia abstracción contemplativa, y automáticamente se olvida de ser un magnífico juego de exploración para transformarse en un mal shooter de supervivencia.

Alejándonos de la polémica y los tsunamis de crítica destructiva podemos afirmar que No Man’s Sky no es ni mucho menos un mal juego. En lo técnico es una barbaridad lo bien que funcionan los viajes a planetas y lunas del mismo sistema, sin transiciones ni animaciones mal disimuladas para tapar tiempos de carga incómodos; la belleza de algunos de sus planetas es incuestionable, y la capacidad de conexión ambiental con el jugador es muy poderosa en estados receptivos y libres de prejuicios; y la música, también de generación procedimental en algunos tramos, es irresistible y una muy efectiva herramienta de inmersión. Quizá no es todo lo que algunos esperaban, o es más de lo que otros necesitábamos, pero así como el protagonista de No Man’s Sky explora los rincones de la galaxia desde su propio silencio y pequeñez existencial, el jugador debe ser capaz de adentrarse en él sin atender al ruido de los cuchillos afilándose y las antorchas prendiendo, debe ser una experiencia íntima y personal desde la claridad mental y la más honesta voluntad de vivirlo. Solo así, en un espacio donde nadie puede oír los gritos, es posible escucharse a uno mismo.

Jugado en: Playstation 4
Desarrollado por: Hello Games
Nota: 7

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