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Análisis: Oxenfree

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Una cosa hay que reconocerle a Telltale: encontró la gallina de los huevos de oro con la fórmula The Walking Dead. Fue capaz de contar una historia madura, con personajes complejos y decisiones difíciles de verdad en una época en la que casi todos considerábamos al videojuego como un medio no especialmente dotado para la narrativa. Y por si fuera poco, lo consiguió al margen de AAA e inversiones millonarias.

Puede que para hacerlo se dejase por el camino la interacción del jugador, una de las características principales del videojuego como medio, e introdujera la fórmula comercial del formato episódico que ha acabado convirtiéndose en otra forma más de abusar del jugador, pero todo esto era un pequeño precio a pagar por seguir las aventuras de Lee Everett y conocer a la pequeña Clementine.

El problema llegó cuando Telltale convirtió un juego de éxito en una fórmula, una forma de hacer juegos segura y repetitiva, con más entregas anuales y grandes franquicias que nuevas ideas. Y todos los que intentaron hacer algo distinto acabaron saliendo de la compañía y creando sus propios proyectos.

OxenfreeUno de estos proyectos es Oxenfree. Un pequeño juego indie creado por Night School Studio que flirtea con la ciencia ficción de películas como Frequency y Primer y el terror de It Follows y Sé lo que hicistéis el último verano para terminar liberándose de esos clichés y contando una sencilla historia de amistad adolescente en la que da más miedo hacerse mayor que cualquier suceso paranormal.

El juego cuenta con un una cuidadisima ambientación audiovisual en la que destaca su atmosférica banda sonora, que suena casi como si John Carpenter hubiera compuesto la música de Scream, y un peculiar estilo gráfico que opta por mostrarnos siempre a los protagonistas con planos alejados, amplificando la sensación de desconexión con el entorno típica de la adolescencia y centrándose en los misteriosos escenarios.

Aunque pueda no parecerlo por su estilo visual, el juego sigue a rajatabla la fórmula jugable empleada por Telltale en The Walking Dead. Nuestra interacción se limita a resolver puzzles sencillos, elegir entre varias opciones de conversación y explorar una y otra vez los mismos escenarios, algo imperdonable en un juego que no llega a las 5 horas de duración.

Al igual que ocurría en el aclamado juego de zombies de Telltale, Oxenfree quiere crear la ilusión de que las decisiones del jugador importan. Pretende hacerte creer que eres a la vez el guionista, el director y el protagonista de la historia y cuenta con varios finales dependiendo de las decisiones que tomes a lo largo de la partida y de las relaciones que se establezcan entre los personajes.

Pero precisamente el punto fuerte del juego de Night School Studio está en su su forma de afrontar estas relaciones. En su interés por transformar una historia de fantasmas llena de tópicos en una reflexión acerca de cómo la pérdida de un ser querido puede afectar nuestra vida y las de los que nos rodean. En su manera de hacer trascendente incluso la conversación más banal. Y por el camino, darle nueva vida a una fórmula de hacer videojuegos que empieza a estar agotada.

Jugado en: PC Windows
También en: Mac OSx, Xbox One
Desarrollado por: Night School Studio
Nota: 7

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