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Análisis: Pankapu

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De pequeño, aprendí a entender el mundo a través de los cuentos. Siempre los he considerado una herramienta excelsa para difundir la cultura entre los jóvenes. Estos relatos constituyen un primer contacto idóneo con la cultura por la naturaleza breve y directa de sus mensajes. Dijo Julio Cortázar, boxeo en mente, que el cuento gana a la novela por knock out. Un género accesible, apto para todos, que Pankapu ha sabido encarnar en el medio videolúdico.

La obra de Too Kind Studio es, en palabras de su diseñador, Jimmy Kalhart, «un plataformas de acción bidimensional con peso de los elementos narrativos». El estudio francés rinde tributo a los clásicos de la década de los 90 y su indie, de control fluido, brilla por un apartado artístico soberbio. No acostumbro a iniciar mis críticas divagando sobre lo visual, pero sus ilustraciones dibujadas a manos y su inconmensurable paleta de colores bien lo merecen. Este indie traza su universo en torno a lo onírico, con reminiscencias claras del movimiento surrealista. Su arte, como la música, cristalizan la más absoluta bondad y mecen al jugador para que jamás despierte del sueño.

Análisis: Pankapu

Como cuento, Pankapu recurre al storytelling dual para narrar dos historias al mismo tiempo. Por un lado, las aventuras de Pankapu, el protagonista homónimo que debe salvar Omnia de los temibles Hya’Nagis a lo largo de ocho capítulos. Por otro, la historia de Djaha’rell, una tierna niña atormentada por las pesadillas que recurre a su padre para, cuento mediante, conciliar el sueño. Ambos relatos están interconectados y progresar en uno define los avances en el otro. Pankapu es un metacuento que explora la naturaleza onírica de los mismos en la trama de Djaha’rell y se nutre de los tropos del viaje del héroe en la del personaje jugable.

Análisis: Pankapu

Pero hay manchas en lo mecánico que emborronan el lienzo. Aunque el control de Pankapu es ágil tanto al saltar como al combatir, hay fallos que ralentizan el ritmo. Así, atacar con la espada en el aire se antoja torpe y la fluidez torna en frustración en cuanto el espacio se reduce y las criaturas superpueblan la pantalla. Ante la escasa diversidad de enemigos y una inexistente mejora del personaje, Pankapu aliña la salsa del scroll lateral con su sistema de cambio entre las tres égidas. Progresar en la aventura desbloquea tres habilidades: guerrero, arquero y mago, que pueden alternarse en cualquier momento para adaptarse a las exigencias del nivel. Espada en mano, el guerrero es ideal para el combate cuerpo a cuerpo, mientras que el arquero goza de más velocidad y se luce en el ataque a distancia. La égida mágica permite recuperar salud, teletransportarse y manipular objetos. Turnar entre ellas pinta una agradable capa de estrategia y es vital para vencer a los últimos jefes.

La estructura de Pankapu, compuesta por niveles no lineales, está claramente concebida para disfrutar de partidas cortas. Abundan los puntos de guardado cada poco tiempo y los niveles son breves. No obstante, Too Kind Studio favorece la rejugabilidad en tanto que encontrar a los Mudjins —representaciones kawaii de la positividad— exige revisitar la miscelánea de sendas secretas que oculta cada zona. Toda esa práctica no vendrá mal, pues la curva de dificultad escala en las últimas áreas. Aun así, es una lástima que, en un juego tan centrado en un combate variado, proliferen las fases en las que apetezca más evitar a los enemigos que hacerles frente.

Pankapu es una apuesta segura para los que busquen una IP refrescante en el plataformeo 2D. Es un prodigio artístico, de los que captan a todo el que le brinde una mirada, pero tiene demasiadas carencias en el ritmo. Los controles, como los sectores más herméticos, no están a la altura de su fantástica diégesis, de un diseño de niveles competente o de sus combates retantes. Todos esos matices impiden que, incluso aunque me narren el cuento más maravilloso, sueñe con volver a jugarlo.

Jugado en: PlayStation 4
Desarrollador: Too Kind Studio
Nota: 8

8