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Análisis: Quadrilateral Cowboy

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En los últimos quince años ha empezado a producirse un fenómeno en la industria del videojuego (y fuera de la industria, de hecho, en los estratos comerciales inferiores) que dice mucho a favor del proceso de madurez que está viviendo el medio: los juegos de autor. A pesar de tratarse de un entretenimiento eminentemente de género, ya existen desarrolladores que están sabiendo aplicar su estética personal, su toque especial o su discurso intelectual. Es el caso de Brendon Chung, un diseñador de juego algo estrambótico que ha hecho de la síntesis narrativa y el estudio de las historias el leitmotiv de su trabajo.

Gravity Bone y Thirty Flights of Loving, los dos juegos anteriores de Chung, apostaban por un minimalismo radical como la manera de explorar la forma que tienen los videojuegos de trasladarnos relatos, una experiencia extremadamente breve (el segundo duraba, de hecho, menos de un cuarto de hora) sobre los resortes que disparan la emoción en el jugador; un esqueleto viviente y ligero despojado de todo tejido no esencial y al mismo tiempo una fábula repleta de matices, con una estructura definida y un espacio para sus propias conclusiones en menos de lo que tardaba uno en cargar un juego de Spectrum hace tres décadas.

Análisis: Quadrilateral cowboy

Con Quadrilateral Cowboy, eso sí, el reto era aún mayor. La cosa ya no iba de reflexiones a vuelapluma en juegos que tenían más de metaliteratura interactiva que de producto lúdico: el nuevo juego de Chung es más juego que el resto, al menos en el sentido convencional. Se trata de una aventura de puzles ambientada en una distopía ciberpunk pero situada en 1980, una ocurrencia apasionante en lo estético y lo tecnológico, sobre todo al comprobar cuál es la mecánica principal. Encarnamos a una hacker a sueldo, una especie de ladrona de guante blanco de la era retrodigital, y el equipo que utiliza es una oda la maquinaria ochentera. De hecho se trata de conectarse a terminales del entorno y manipular puertas, cámaras y otros mecanismos utilizando comandos de un estilo parecido al Lua de principios de los noventa. Poco a poco se van acumulando las órdenes, y los rompecabezas se vuelven más complejos para obligarnos a combinar nuestras habilidades para el hackeo del juego, desde adquirir accesos hasta utilizar maquinaria como drones, plataformas lanzadoras o rifles por control de vídeo remoto.

La historia, como no podía ser de otro modo, también tiene importancia en Quadrilateral Cowboy. Queda claro muy pronto que Chung no tenía intención tanto de girar creativamente hacia otra dirección como de darse la mano con otro género y demostrar que se puede hacer lo mismo con una capa extra de videojuego convencional, apartando un poco esa especie de reivindicación agresiva que apartaba a empujones al jugador y lo transformaba en espectador. Quadrilateral Cowboy es el resultado de un crecimiento artístico y personal, un juego conmovedor sobre la amistad y la capacidad humana para unirse y construir, pero también un gesto de madurez por parte del autor, de abandonar la vehemencia de obras anteriores y hacer algo más accesible, más amable y normativo. No se trata de ceder terreno o bajarse los pantalones: seguramente Brendon Chung ha alcanzado ese momento de la vida en que uno empieza a dejar de estar tan seguro de todo, de sentir la libertad que otorga la certeza de que todo es posible, de poner en duda los valores propios y revisar cada módulo de los esquemas que sustentan nuestra cabeza. Quadrilateral Cowboy es un magnífico juego, una historia exquisita y una inspiradora conquista creativa.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Blendo Games
Nota: 9

9