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Análisis: Shadow Tactics: Blade of the Shogun

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Han pasado casi 20 años desde que un providencial chispazo de genialidad otorgó a la industria española el privilegio de parir Commandos: Behind Enemy Lines, la maravilla de Pyro Studios que hoy todavía resuena en los confines de la historia del videojuego en este país. Dos décadas después todavía se hace difícil encontrar sus referentes gracias a la novedosa fórmula de táctica en tiempo real que puso en marcha y que a estas alturas vive como una especie de subgénero comatoso del que todo el mundo guarda buen recuerdo pero nadie se ha atrevido a reanimar… hasta ahora. Shadow Tactics: Blades of the Shogun es al primer vistazo una versión japonesa y medieval de Commandos, pero en realidad los muniqueses de Mimimi Productions han hecho mucho más que atizarle unas sacudidas con el desfibrilador a un tipo de juego que eterna hibernación: le ha inyectado ideas de otros géneros, manierismos de títulos actuales y un especial respeto por la ambientación que retrata, sin faltar a la lealtad a sus claros referentes: el propio Commandos y el también alemán Desperados.

Aquí controlamos a hasta cinco personajes de distintas cualidades y limitaciones —el ninja, el samurai, el francotirador, la ladrona y la espía—, pero también sus rasgos de personalidad fuertemente marcados, y con ellos debemos cumplir las distintas misiones que nos encomienda el shogunato; primero para asaltar el poder y más tarde para mantenerlo frente a la amenaza de conspiradores y golpistas. El juego transcurre en algún momento del período Edo —entre principios del siglo XVI y mediados del XIX según el calendario occidental— y los escenarios oscilan entre palacios o campamentos fortificados, hasta zonas de guerra donde podemos infiltrarnos en las líneas enemigas y debilitar al enemigo desde dentro.

A pesar de que este tipo de juego suele echar mano de gráficos que buscan el realismo, Shadow Tactics parece haber medido muy bien su propia ambición: su dirección artística se apoya en un estilo cellshading bastante sobrio, algo que al primer golpe de vista puede parecer que sabe a poco, pero enseguida queda compensado por la libertad en 360 grados que ofrece la rotación de cámara y el zoom. Es como si sus autores hubiesen decidido sacrificar la vistosidad a cambio de una muy agradecida versatilidad en la perspectiva, algo que se antoja esencial en los niveles más atestados de adversarios con su propio patrón de comportamiento en los mapas especialmente grandes.

Quizá el añadido más significativo que ofrece Shadow Tactics es una muy convencida apuesta por el sigilo: campos de visión de distintos niveles, áreas para esconderse, cadáveres que podemos ocultar y sobre todo algo llamado Modo Sombra que nos permite programar las acciones de nuestros personajes para que sean ejecutadas todas a la vez al pulsar una tecla. Es algo así como un pequeño guiño al combate táctico por turnos (esa versión del género que sí vive, camina y tiene buena salud con éxitos como XCOM o The Banner Saga) sin necesidad de incluir los turnos, y el resultado de uno de esos asaltos coreografiados es, sencillamente, pura satisfacción.

Quizá sea la palabra que mejor adjetiva la experiencia tras Shadow Tactics: desde el instante en que nos ofrecen la muy sorprendente opción de escuchar las voces en japonés hasta la posibilidad de orquestar una suerte de máquina de Goldberg del sigilo, la coordinación y la efectividad para desactivar las defensas enemigas, todo destila la satisfacción que ofrece aquello que uno visualiza y luego funciona tal como lo imaginó. Sencillez en los inventarios, inteligencia en el diseño de niveles y la variedad estratégica de adversarios y posibles rutas hacia el objetivo, solvencia en las habilidades (y su ejecución) de los protagonistas y una cantidad de contenido que coloca la campaña en unas 24 horas de duración hacen de él un acreedor dignísimo de la herencia espiritual que pretende.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Mimimi Productions
Nota: 8

8