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Análisis: Sprinter

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En una de las escenas de la mal traducida Atrapado en el tiempo (Ramis,H; 1993), el protagonista Phil Connors (Bill Murray) roba el furgón del dinero en uno de los hurtos más absurdamente coreografiados que nos ha brindado el cine de Hollywood. Paciente en el otro lado de la calle, narra con exactitud cada uno de los momentos que ocurren justo después de hablar.

Phil se dirige a una bolsa del dinero que, como bien sabe, quedará desprotegida durante ese segundo en el que Felix y German ayudan a Doris a recoger un par de monedas del suelo. Él conoce esa pequeña brecha porque la ha visto mil veces; sabe cuándo y cómo acercarse. Se adelanta a los hechos.

Análisis Sprinter

Sprinter tiene matices que me recuerdan a El día de la marmota (gracias, justicia popular), tics que esbozan sonrisas. Como ocurre en la escena del film de Harold Ramis, nosotros también realizamos una carrera medida de A a B en la que no hay margen de error. Nuestro trazado debe ser perfecto. Tanto, que se acaba memorizando debido a las repetidas veces que erramos en reproducirlo.

La propuesta que nos llega de la mano de Light Step Games -su ópera prima, de hecho- se resume en una palabra: habilidad. Aunque estemos ante un videojuego completable en 2 horas, el ritmo de aprendizaje y exigencia es altísimo. Como si todos y cada uno de los niveles previos al último estuviesen puestos a conciencia para prepararnos ante el reto final. Además, aprovecha para contar una historia familiar costumbrista que no está del todo mal.

Mientras controlamos a un protagonista que debe recorrer una habitación plagada de obstáculos, hasta el final y dentro del tiempo límite, a la vez también somos los responsables de ir desactivando a cada uno de ellos. Para poner un ejemplo, las puertas se abren pulsando A (si juegas con un mando de Xbox, claro) pero solo permanecen abiertas un segundo, y los guardas desvían su mirada pulsando X durante el mismo intervalo de tiempo.

Sprinter análisis

Para pasar sin ser visto, hay que pulsar cada botón en el momento oportuno -solo se permite la interacción con un obstáculo una única vez- y saber encadenar la desactivación de cada trampa en el orden correcto. En el primero de los seis mundos únicamente hay guardas y puertas; posteriormente se van añadiendo nuevos impedimentos como vigilantes con una llave que abre la siguiente puerta, saltos y cámaras de vigilancia. Por suerte, también se nos da la opción de parar el tiempo alguna vez, algo que ayuda a traspasar una zona que de otro modo sería imposible si queremos llegar a tiempo.

Porque el reloj no perdona. Si en trece segundos debes recorrer un circuito plagado de giros, guardas y cámaras, es lo que hay. Si llegas con una marca de 13:01 has fallado, y creedme si os digo que me ha pasado más de una vez. Por eso Sprinter es habilidad, porque el primer reto es llegar al final del circuito, pero el verdadero premio es hacerlo dentro del límite impuesto.

Si no fuese por su brillante apuesta artística, donde la tiza y la acuarela componen un hermoso escenario, Sprinter sería un auténtico generador de estrés. Desactivar cada trampa genera un sonido, un tono parecido a una tecla de piano que junto a la banda sonora compone una especie de melodía zehn muy relajante. Es casi paradójico. En un juego donde la velocidad y la exigencia lo es todo, consiguen trasladarte a un remanso de paz donde prácticamente disfrutas repitiendo tus errores. Creía que la rapidez y la calma eran incompatibles, pero me equivocaba.

Jugado en: PC Windows
También en: Mac OSx y Linux
Desarrollado por: Light Step Games
Nota: 8

8