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Análisis: Stardew Valley

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Incluso en el locamente diverso e inabarcable mundo de los juegos para PC existen todavía caminos sin explorar. Y no hace falta hablar de experimentos narrativos ni grandilocuentes revoluciones mecánicas: a veces algo tan fácil de imaginar como un juego sencillo de gestión de una granja, con un pequeño componente RPG y un ritmo relajante bajo una estética amistosa y alejada de los simuladores puede convertirse en un auténtico bombazo de ventas y crítica. Stardew Valley lo acaba de demostrar alzándose como el tapado del año: una nota media de 99% en Steam y unas ventas que ya rondan la frontera de los tres cuartos de millón para un juego hecho literalmente por un solo hombre y nacido de una ambición modesta que su mismo autor, Eric Barone, resume sin salir todavía del aturdimiento con una declaración sincera: «Yo solo quería hacer un clon de Harvest Moon en PC.»

Stardew Valley

Después del éxito sorprendente de este juego, y en vista de la más que probable avalancha de copias y wannabes que se nos viene encima en los próximos meses, cabe preguntarse a qué se debe tanto amor espontáneo por un proyecto como Stardew Valley. El interés y la publicidad orgánica (el boca a boca digital) hay que reconocérselo en parte a la historia milagrosa y muy romántica del loco con Asperger que dedica su vida a una tarea en apariencia banal para que al cabo de cuatro años acaba por darle la razón y se convierte en un gurú millonario, un ejemplo para entrepreneurs, un referente para neoliberales y una fuente de inspiración para el conjunto de aves de rapiña en blazer y camisa de seda. El alpiste ideal para alimentar la narrativa ultracapitalista.

El otro lado de este relato de trabajo duro y esfuerzo recompensado es el que más nos interesa: el propio juego. Y lo cierto es que tras varias docenas de horas invertidas en él uno puede decir sin ningún género de duda que Stardew Valley es un juego brillante, un proyecto que ha crecido desde la ambición más modesta de una forma natural en base al criterio de un tipo que lleva toda su vida jugando a Harvest Moon, experimentando sus mecanismos, sus ideas que van y vienen a lo largo de una franquicia de veinte años de recorrido y asimilando conceptos de spin-offs de la propia saga para adecuarlos al tono que él ha ido moldeando, desarrollando y puliendo como el mar erosiona una piedra hasta darle una forma sin imperfecciones.

«Yo solo quería hacer un clon de Harvest Moon en PC.»

Barone es un cocinero americano tratando de versionar el sushi japonés, y como tal no esconde nunca la identidad que impregna a sus ideas. Los esterotipos crecen en su juego hasta convertirse en personajes poliédricos que cuentan historias donde tiene mucha importancia el factor occidental de Stardew Valley, donde el lado oscuro y triste de la existencia en la etapa adulta convive de manera coherente con la simpleza característica, la estética 16bits y los sistemas de cultivo y de interacción social vertebran la partida.

La virtud de Stardew Valley no es solamente ser el Harvest Moon más completo y detallado y divertido que el mejor Harvest Moon, que lo es, sino la capacidad de sorprender al jugador a través de la más exhaustiva riqueza, de dotar de historia y contexto a cada ser que respira y vive en el juego y de ir exhibiendo de forma gradual y dosificada las gigantescas dimensiones de esta ópera prima con mimbres para convertirse también en obra maestra.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: ConcernedApe
Nota: 9

9