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Análisis: The Curse of Issyos

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Los comienzos no son fáciles, no si eres diseñador de videojuegos. Ver a Miyamoto hablando del primer nivel de Super Mario Bros. o a Egoraptor haciendo lo propio con Megaman X -dos vídeos que, aprovechando la ocasión, recomiendo encarecidamente-, te hace tomar consciencia del titánico trabajo que hay detrás de los primeros minutos en un videojuego.

The Curse of Issyos pretende recuperar la esencia perdida de, tal y como los define su autor, «los juegos completables en una sola sesión». Jugar a la obra de Locomalito es, prácticamente, como viajar treinta años atrás en el tiempo. Fue una época maravillosa para el videojuego, una en la que las aventuras como la de nuestro protagonista, Defkalion, se repetían una y otra vez en cada casa para tratar de mejorar la puntuación anterior.

Esta producción freeware sirve prácticamente como decálogo de lo que fue el género de los plataformas de los ochenta y noventa: vidas limitadas, continuaciones, power ups escondidos, enemigos con -pocos- puntos ciegos y experiencias cercanas a la hora de juego. Por último, y no por ello menos importante, es imposible olvidar las bandas sonoras de aquél entonces; breves y pegadizas como la del juego que analizamos. De hecho, mi cabeza lleva un par de días tarareando la melodía del nivel uno.

Porque volviendo a los primeros pasos del juego, se nota que Locomalito sabe lo que hace. El escenario está diseñado para, en apenas un par de secciones, interiorizar gradualmente las mecánicas de lo que te vas a encontrar durante el resto de la partida. Citando a Miyamoto en la entrevista con Eurogamer, «el primer nivel debe servir para conocer de qué va el juego y, a partir de entonces, dejar que el jugador experimente libremente».

En The Curse of Issyos ocurre exactamente eso; tras un primer reto vertical, te lanzan a un escenario laberíntico en el que debes encontrar tres llaves que irán cambiando de lugar en cada partida. De ahí saltamos al mapa, donde incluso tendremos la opción de elegir el sendero de Defkalion. Recapitulando, en tres niveles tenemos aprendizaje, aleatoriedad y rejugabilidad. Para ser un juego pequeño, tiene grandes aciertos. Algunos, incluso, es mejor no desvelarlos.

The Curse of Issyos es un videojuego que sabe mantener el ritmo. Te mantiene pegado a la pantalla en una pequeña epopeya, casi de bolsillo, de la que personalmente me llevo un grato recuerdo. Puede que no queden pescadores hercúleos como Defkalion, pero por suerte hay gente como Locomalito que nos recuerda esa mágica época en la que soplábamos cartuchos. Fueron buenos tiempos.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Locomalito
Nota: 8

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