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Análisis: The Witness

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Pocos juegos ejemplifican mejor las virtudes y los defectos de su creador como The Witness, el estupendo juego de puzles en primera persona de Jonathan Blow.

Las virtudes del programador estadounidense son muchas y muy variadas, pero por encima de todas destaca su perfeccionismo. Quizá por eso The Witness es uno de los juegos más perfectos que hemos podido jugar en mucho tiempo.

El juego de Thekla, Inc. convierte unas sencillas mecánicas basadas en conectar dos puntos a través de un pequeño laberinto en una experiencia sorprendente e imaginativa llena de retos incluso para el jugador más experto. Porque The Witness es a la vez uno de los juegos de puzles más sencillos que hemos visto y uno de los más complejos. Y el progreso en el pequeño mundo abierto creado por Blow es casi como el de un Metroidvania, un mundo abierto lleno de zonas aparentemente inaccesibles que conseguiremos franquear solo cuando contemos con las herramientas necesarias para superarlas.

Lo que hace que The Witness sea tan especial es que esas herramientas no existen. No son una nueva arma o un power-up que nos hace saltar más lejos, en este caso la herramienta imprescindible es nuestra comprensión de las reglas del juego y es nuestra propia mente la que desbloquea esas zonas al ser capaz de resolver puzles anteriormente ininteligibles.

Y ese es el mayor logro del juego de Jonathan Blow, por encima de su maravillosa dirección de arte o su estupendo diseño de escenarios. The Witness está lleno de revelaciones que nos harán sentir como genios, porque la clave del diseño de sus puzles está en que lo importante no es resolverlos, sino entenderlos. Blow exige que conozcas las reglas ocultas de cada puzle y las utilices para pasar al siguiente. Y por eso mismo es inútil mirar guías o buscar trucos para resolver un puzle cuando el siguiente que nos encontremos requerirá que conozcamos todo lo anterior.

El resultado final hace que cada zona del juego suponga una mezcla de aparente sencillez y complejidad, de progreso y de frenazos constantes, de pequeñas frustraciones y grandes triunfos que acapararán de forma obsesiva la vida de los aficionados a este tipo de juego durante las 30-40 horas que dura (bastantes más para los completistas y los buscadores de secretos).

Sin duda, lo mejor del juego está en esos momentos de claridad casi trascendente en los que comprendemos las reglas de un puzle especialmente complicado. Quizá por eso es tan molesto que lo peor del juego llegue por culpa de la búsqueda de una trascendencia mucho menos genuina y bastante pedante que se empieza a convertir en la marca de la casa de Jonathan Blow.

Ya que The Witness está plagado de esculturas misteriosas, de citas tan grandilocuentes como poco pensadas, de obras de arte metidas con calzador y de referencias pseudocientíficas que tendrían mucho más sentido en un capítulo de una temporada mala de Lost que en un juego de puzles. Y esto distrae especialmente si tenemos en cuenta que lo que hace que el resto del juego sea tan brillante es su obsesión por eliminar todo lo superfluo dentro de sus puzles.

Quizá Jonathan Blow debería haber aplicado las mecánicas de su propio juego y buscar la solución más sencilla en lugar de complicarse con ilusiones de trascendencia y filosofía Zen. Porque, a veces, no tiene nada de malo que un juego de puzles no sea ni más ni menos que un juego de puzles.

Jugado en: PC Windows
También en: Playstation 4
Desarrollado por: Thekla, Inc
Nota: 8

8