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Análisis: Thimbleweed Park

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Cuando hace algo más de dos años Ron Gilbert y Gary Winnick anunciaron a través de la plataforma de Kickstarter su intención de volver a trabajar juntos en una aventura gráfica point and click, el corazón se me aceleró inevitablemente, y creo firmemente que no fui la única.

Tras un The Cave (Ron Gilbert, 2013) que me dejó con ganas de ver a Gilbert retomando el género que le hizo grande, y un Broken Age (Tim Schafer, 2014) que después de una segunda mitad mal diseñada me dejó con ganas de más, era inevitable poner el foco de atención y toda mi ilusión en Thimbleweed Park nada más ver esos bonitos píxeles funcionando bajo una interfaz gráfica SCUMM.

Análisis: Thimbleweed Park

Las expectativas eran bastante altas y la nostalgia, inevitablemente, también. Aún así, desde el primer minuto, Thimbleweed Park entrega lo prometido: una aventura gráfica de corte clásico, muy pixelada y a la altura de los títulos que marcaron su edad dorada y de los que además hace constantemente referencia.

Thimbleweed Park comienza con un misterioso caso de homicidio debajo de un puente que deberá resolver la agente Ray en compañía del agente júnior Reyes; aunque en realidad, el cadáver que empieza a descompon… pixelarse, es más bien una excusa para adentrarnos en la misteriosa y casi desierta población (y con un ambiente más que inspirado en Twin Peaks) de Thimbleweed Park.

A medida que investiguemos por el pueblo, nos veremos poco a poco envueltos en varias historias que se sumarán a la presunta trama principal. De esta manera, y mediante flashbacks, nos meteremos primero en el caso de una herencia con un importante drama familiar de por medio, y en la historia de un payaso desquiciado y maldito por una hechicera después. Así, y de forma muy bien hilada, nos veremos con la capacidad de controlar a la vez hasta cinco personajes con diferentes capacidades, mecánica que ya introdujo Maniac Mansion y que se perfeccionó con Day of the Tentacle.

Thimbleweed Park no solo respira muchísimo de Maniac Mansion, sino que efectivamente cumple con el objetivo de ser su sucesor espiritual.

No en vano se trata de un título de 2017 ambientado en 1987 (año de estreno de Maniac Mansion), y se demuestra constantemente (decorados, pósters, diálogos…), no solo a través de las referencias directas al año que nos ocupa. Los mismos personajes son conscientes una y otra vez de que están dentro de un juego, reflexionan sobre las aventuras gráficas y rompen la cuarta pared en varias ocasiones, como en su momento ya hicieran puntualmente los títulos de LucasArts.

Análisis: Thimbleweed Park

Pero también se habla del desarrollo de videojuegos en sí, sobre todo a través del personaje de Delores, desde una perspectiva inconcebible a finales de los años ochenta, momento en el que evidentemente era muy difícil hablar dentro de un videojuego sobre una profesión y una industria prácticamente invisibles e inexistentes.

El título de Gary Winnick y Ron Gilbert es consciente de ser una aventura gráfica clásica fuera de su tiempo, y juega y se aprovecha de ello en todo momento de una forma magistral a través de todos estos recursos.

Análisis: Thimbleweed Park

Otro de los aspectos importantes es el nivel de detalle presente en todo el juego. No solo a nivel estético, cuyo píxel art luce espectacular, sino a través de los diálogos, textos y objetos que iremos recopilando. Thimbleweed Park despierta en el jugador, especialmente en el nostálgico, toda la curiosidad posible y por ello nos hace recorrer su mundo una y otra vez en busca de libros con referencias a LucasFilms/LucasArts a lo largo de infinitas bibliotecas, objetos perdidos en medio del camino como un cartucho de Atari 2600, o diálogos en los que podamos sentirnos de nuevo como Guybrush Threepwood. Detalles que, aunque no hagan avanzar la trama, son un tesoro mayor que el Big Whoop para la mayoría de jugadores.

Los puzles, por su parte, son mucho más lógicos que a los que tuvimos que enfrentarnos antaño y que nos dejaban atascados durante días. En este sentido, puede que lo que dificulte el juego sea más bien el control simultáneo de cinco personajes, lo que a su vez, y paradójicamente, también da un valor añadido al ser más difícil quedarnos atascados, puesto que casi siempre tendremos algo que hacer con alguno de ellos.

En conclusión, Thimbleweed Park es una espléndida revisión del point and click. Un metajuego que reflexiona sobre un género al que no quiere dejar morir.

Jugado en: PC Windows
Desarrollado por: Terrible Toybox. Inc
Nota: 9

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