Análisis: Tooth and Tail

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No es Edmund McMillen, tampoco Jonathan Blow, pero Andy Schatz es uno de los artífices del éxito de lo indie. Ya era un nombre destacado en la escena independiente cuando ganó en el Independent Game Festival de 2010 por Monaco: What’s yours is mine. Este título le brindó fama internacional, así como la atención de toda la industria cuando anunció [ARMADA], su nuevo proyecto. Aquel prototipo resultó en Tooth and Tail, la particular Rebelión en la granja de Andy Schatz y uno de los nominados a mejor juego de estrategia en los Game Awards de 2017.

Tooth and Tail es un juego de estrategia en tiempo real que pretende satisfacer a los menos duchos en el género. Claro y accesible, puede jugarse con mando o con ratón y teclado sin ningún problema. Los combates, en los que profundizaré más adelante, son sencillos de asimilar incluso para mí, el prototipo de jugador poco avezados en la RTS.

El planteamiento argumental se basa en la típica premisa que enfrenta al proletariado contra la burguesía. Protagonizado por animales antropomórficos, hay cuatro facciones que rivalizan por acaparar la carne —el sustento de todo y todos— y condenar a los rivales a una sempiterna hambruna. Los Long Coach representan a la nobleza, los Common Folks son el proletariado, la KSR es el Ejército y los Civilized son la Iglesia. Esta lid a cuatro bandas puede disputarse en un modo campaña, en el que escoger entre uno de los frentes, y el multijugador.

Más allá de su interesante historia, la mayor virtud de Tooth and Tail es economizar el género de la acción en tiempo real. Que jugar a un título de esta índole con mando sea factible ya es una virtud casi inédita. Andy Schatz fomenta que el jugador aprenda las acciones en lugar de memorizar los secretos de cada nivel. Esto sucede gracias a la generación aleatoria de escenarios, aunque la variación de la disposición de los enemigos no siempre es algo positivo. En ocasiones puntuales, estos cambios alteran la dificultad sobremanera, pero lo normal es que no la incrementen o reduzcan significativamente. Con detalles como este, Tooth and Tail prioriza la economía de las acciones antes que la táctica premeditada. Por ende, es más accesible, ágil y divertido que otros títulos del género, mucho más obtusos.

Pese a su sencillez, que no simpleza, Tooth and Tail no renuncia a la profundidad estratégica. La carne, más allá de ser el tesoro por el que todos pugnan, es el eje sobre el que pivota la jugabilidad. En este indie es vital saber gestionar los recursos. Primero, hay que producir grano en el molino para alimentar a los cerdos y obtener la carne para, en segundo lugar, alimentar y movilizar a las tropas. Los distintos molinos que construyamos permiten transportarse por el mapa, por lo que son claves para fluidificar el movimiento de los soldados.

En lugar de ejercer como deidades omniscientes, en Tooth and Tail encarnamos a un ratón. Este portará la bandera de la facción correspondiente y guiará a nuestras seis unidades. No puede atacar, pero sí morir, de modo que este matiz aumenta la inmersión en tanto que nos hace sufrir la guerra. También añade un nivel de complejidad a la definición de estrategias, pues es un elemento adicional que nos puede costar la partida.

Solo por la riqueza jugable que implica la variedad de facciones o por lo accesible de sus controles, Tooth and Tail ya es una propuesta atractiva. No obstante, lo que lo dota de empaque es su apartado artístico. En lo visual, Jerome Jacinto y Adam de Grandis se han coronado. El diseño de los personajes es precioso y el pixel art del juego, como las animaciones, brindan identidad propia a una obra que enamora a primera vista. Además, también es capaz de embelesar incluso a quien cierre los ojos, ya que cuenta con una banda sonora excelsa, reminiscente de la mejor orquesta soviética.

El que no domine el inglés tendrá un sabor agridulce. No es necesario para gozar de sus mecánicas, pero la historia está repleta de conversaciones interesantes que enriquecen la diégesis y sí exigen solvencia en el uso de la lengua de Shakespeare. Y, como he mencionado antes, las obvias referencias al libro Rebelión en la granja, obra del genial George Orwell, hacen que enterarse de cada línea merezca la pena.

Tooth and Tail no es Starcraft, tampoco lo pretende. Las tropas se crean automáticamente y habrá partidas que se ganen tan solo con atacar con todo a la vez, pero eso no es óbice para que la dificultad aumente considerablemente —incluso rozando lo frustrante— conforme se avanza. Todo lo aprendido enfrentándonos a la despiadada IA servirá para disfrutar de un multijugador variado, cuyas ágiles partidas no exceden los 10 minutos. Uno contra uno, todos contra todos, dos contra dos por equipos… su faceta online es muy diversa.

Ya era hora de que alguien se atreviera a desarrollar un RTS accesible para los jugadores noveles, que creciera en dificultad al tiempo que aumenta la pericia de los novatos. Tooth and Tail tampoco descuida a los más experimentados, pues la dificultad puede incrementarse sin miramiento alguno y el multijugador será todo lo complejo que quiera la comunidad. Tooth and Tail llena un nicho vacío durante demasiado tiempo erigiéndose como una de las sorpresas de 2017. Carne o plomo.

Jugado en: PC
Desarrollador: Pocketwatch Games
Nota: 8

8