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Akane: a un golpe de la muerte

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Un golpe y estás muerto. Esa es la premisa de Akane, un arena arcade slasher de ambientación cyberpunk y acción frenética. Raja a tus enemigos y llena de sangre las calles de Mega-Tokio.

A

doro inventar y utilizar nuevos conceptos para hablar sobre videojuegos. Considero vital teorizar y ampliar el vocabulario disponible en castellano para una disciplina, la crítica de videojuegos, que bebe insaciablemente del inglés. Para qué engañarnos, también es por pedantería. Uno de los términos a los que más estima le tengo es al de juego-chupito. Sirve como etiqueta para las obras de jugabilidad frenética y accesibilidad inmediata. Apenas requiere tiempo comprender sus bases, pero estas son lo suficientemente ricas como para que la noche sea inolvidable. En cuanto los catas, son garantía de cogorza ludoficcional, una borrachera de partidas encadenadas, una tras otra, en pos de mejorar tu puntuación. Sencillos, nunca simples, como el mejor arcade. Profundos, pero nunca abrumadores, como el más trabajado triple A. Su historia suele ser una excusa para rebanar y dinamitar a los lacayos de alguna megacorporación o de cualquier tirano alienígena. Esa es la premisa de obras excelsas como Tormentor x Punisher, Nuclear Throne y Akane, el indie que protagoniza estas líneas.

La obra de Ludic Studios transcurre en un 2121 distópico, un futuro cyberpunk en el que la tecnología, las luces de neón y la corrupción están a la orden del día. Tras años aprendiendo a dominar el arte de la espada, Akane acude a los suburbios de Mega-Tokio para acabar con las mafias que campan a su antojo. La protagonista está dispuesta incluso a dar la vida por su causa, como demuestran las palabras que dedica a sus cientos de contrincantes justo antes de iniciar la carnicería: "Esta noche moriré aquí y os llevaré a todos conmigo, hijos de (inserte palabrota)". Como sus referentes, tales como el ya citado Tormentor x Punisher, Akane es una obra parca en palabras. Aquí hemos venido a matar.

En lo jugable, Akane es un arena arcade slasher, uno de esos conceptos complicados de recordar, pero perfectamente reconocibles en cuanto te pones a los mandos de uno de sus juegos. La acción transcurre en un espacio cerrado al que acude un constante flujo de malhechores, hordas de delincuentes al servicio de las mafias a las que Akane ajusticia. Ya sea con cualquiera de sus espadas o con las múltiples armas de fuego disponibles, la acción en este indie es frenética. Un golpe basta para acabar con los enemigos, pero también para que sea Akane quien perezca a manos de cualquier bala perdida. Ni el escenario, una plaza pública, ni el planteamiento lúdico, acabar con la mayor cantidad de rivales posible, cambia a lo largo de las partidas. Cuando ejecutemos a cien vándalos aparecerá uno de los jefes. Y así será cada vez que juguemos a Akane. Quizá por eso sea tan adictivo, por lo sencillo que es acostumbrarse a sus ritmos y mecánicas. Desprende un aroma inconfundible a buen arcade, algo que potencian su magnífico pixel-art y su machacona (en el mejor de los sentidos) banda sonora.

Espadazos, disparos, esquivas y devolución de balazos. Amén de un par de ataques especiales que se cargan al acabar con los enemigos, esos son los ingredientes de Akane. Y no necesita más para constituir un plato, más bien un canapé, verdaderamente delicioso. Ludic Studios adereza esa base tan sencilla con diversos retos, como acabar con un determinado número de enemigos o ser perfectamente precisos con la espada. Motivaciones más que efectivas para hilvanar combos, aumentar la puntuación y no apartar la mirada de la pantalla hasta que hayan pasado decenas de horas. Por todo ello, no me parece nada descabellado etiquetarlo como un Bayonetta bidimensional y pixelado, salvando las distancias. Con una mayor variedad de enemigos y sobre todo de enemigos finales, hablaríamos del arcade del año. Incluso así, cuesta no coronarlo como tal. Es una apuesta segura.

Akane está disponible en Windows, Mac y Linux. En Steam podéis conseguirlo por tan solo 3,29 euros; no hay excusa para no darle una oportunidad a este genial juego-chupito.