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Opinión: Concrete Genie y la valentía de lo indie

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Los videojuegos independientes suelen tratar temas complejos. Como mínimo, el indie dev goza de una libertad impensable para los estudios triple A, cuyos títulos tienden a estar constreñidos por estudios de mercado y cifras de ventas. Ocurre lo mismo en todas las artes, pues el cine o la música indies abordan cuestiones difíciles de plantear en el contexto comercial. La independencia es sinónimo de libertad creativa.

Undertale, por ejemplo, es una oda al pacifismo y su mensaje se desmarca del tradicional ensalzamiento de lo bélico que abunda en los RPG. Everything proporciona una perspectiva holística del universo en una reflexión filosófica que ningún blockbuster quiere ni puede imitar. Conjugan mensajes valientes con mecánicas innovadoras y, por suerte, gozan de reconocimiento.

Concrete Genie

El triple A todavía comprende el morfema “juego” como algo que debe ser divertido. El desarrollo independiente, más maduro a ese respecto, trasciende la definición básica y entiende la parte de juego como un marco de reglas que posibilitan o limitan determinadas acciones. Ese es el motivo por el que la escena independiente pare obras como Undertale o Everything.

Pero la barrera entre el desarrollo comercial y el alternativo se difumina cada vez más. Ya no es extraño que lo indie llegue a las principales consolas y en Nintendo gozan incluso de su propia etiqueta, los nindies. Por eso me alegra que obras como Concrete Genie nazcan de un estudio interno de una compañía como Sony. Su anuncio en la París Game Week constituye una oportunidad para que temas comprometidos, como el bullying en su caso, lleguen a todo tipo de jugadores.

Concrete Genie

Concrete Genie no es un indie al uso, pero sí encaja con ciertos aspectos de mi definición multidimensional del término. Representa esa nueva ola de proyectos alternativos que cuentan con el respaldo de grandes compañías sin renunciar a sus planteamientos. Alcanzar el equilibrio entre libertad creativa e injerencias inherentes a la financiación de corporaciones también es una meta del desarrollo indie.

Obra de Pixelopus, Concrete Genie aborda una de las principales lacras de la infancia de muchos niños, el bullying. Ash, el protagonista, es víctima del despreciable acoso de otros adolescentes. Para evadirse, el chaval recurre a un pincel mágico que dota de vida a aquello que él pinte en la pared. Al más puro estilo de Okami, Ash encuentra refugio en el arte, así como un forma de embellecer su putrefacta ciudad.

Como si habitara en una metáfora hecha urbe, Ash halla cobijo y amistad cuando pincela las paredes. Sus preciosos paisajes animan muros muertos, aunque sus obras desaparezcan conforme los infames acosadores pasan frente a ellas. La ciudad es una extensión del propio Ash, cuya luz, como la de muchos niños y niñas, se apaga por culpa del maldito bullying. Del mismo modo, el arte es la forma de huir y ser feliz.

Me alegra enormemente que este tipo de títulos empiecen a frecuentar las plataformas masivas. También me complace que la valentía de los videojuegos independientes aumente su alcance y conecte con cada vez más público. Concrete Genie ya es una buena noticia; será un juego formidable si el dibujo no entorpece los ritmos narrativos y si la trama no busca la lágrima fácil. Lo descubriremos en 2018.