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Escape Doodland: una odisea en tu libreta

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Nunca he sabido dibujar. Sin embargo, he invertido más de una clase (y de dos) en garabatear las últimas páginas de decenas de mis libretas a cuadros. Esas cuyo inicio estaba plagado de fechas, fórmulas y deberes, pero en cuyas esquinas y páginas finales habitaban bocetos de lo más grotescos. Todavía me sorprende que apenas necesitara un lápiz y un rincón de folio para confeccionar un vasto imaginario de engendros paridos a mano alzada. Dibujos que animaron incluso las clases más soporíferas, tal es su mérito, y que protagonizaron mil y una historias en mi hastiada imaginación. Lo que sucede en Escape Doodland, el indie que nos atañe, bien podría haber sido uno de esos relatos que me ayudaron a sobrevivir a las interminables charlas de aquel profesor de matemáticas de 3º de la ESO.

Escape Doodland está protagonizado por decenas de esos garabatos torpes que colmaban nuestras libretas en el colegio, el instituto y (reconozcámoslo) hasta en la universidad. Con un fondo a cuadros calcado a aquel sobre el que reposaban nuestros apuntes, se trata de un runner en el que los grotescos personajes deben huir de un monstruo gigante que ansía devorarlos. Pese a que cada criatura es distinta, todas comparten unos inoportunos problemas digestivos que, eso sí, serán tremendamente útiles para huir de las fauces de su perseguidor.

La premisa de Escape Doodland es simple a más no poder: exprimir el scroll lateral al máximo para escapar de una muerte segura. El camino está plagado de obstáculos ubicados con la peor de las intenciones y el hambriento monstruo exhala su aliento en nuestra nuca, mas no cuenta con que anoche cenamos fabada. Una flatulencia en su rostro puede salvarnos la vida, mientras que otra cerca de algún tipo de llama puede proporcionarnos un impulso milagroso.

Quizá no sea una premisa con la que aspirar al mejor guion en los Game Awards, pero que no os engañe su aspecto. Escape Doodland propone un plataformeo desafiante y exige esquivar, saltar, volar e incluso nadar con una precisión quirúrgica para esquivar todas las trampas que se interponen entre la libertad del protagonista y el sistema digestivo del monstruo. Este último está siempre tan cerca que apenas hay margen para pensar en el siguiente movimiento, por lo que hay fases que demandan reflejos verdaderamente felinos. Una presión que acabará, más de una vez, con un game over burlón en la pantalla del título de flukyMachine.

Tanto su humor como su aspecto desenfadado sirven, sobre todo, para paliar la frustración que puede causar ser masticado una y otra vez. Y lo cierto es que lo consiguen, resultando en una aventura divertida y desafiante; garantía de entretenimiento plataformero. Escape Doodland está disponible por 6,55 euros en Steam y 9,99 en la eShop de Nintendo Switch.