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Gato Roboto: gatoidvania miauravilloso

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Hay pocos catálogos que igualen en diversidad, riqueza y calidad al de Devolver Digital. Me fascina que un mismo sello acoja tanto a Hotline Miami y My Friend Pedro como a GRIS y Pikuniku. Pocas compañías son capaces de emular semejante pluralidad y que, al mismo tiempo, todas sus obras estén conectadas por un mismo patrón. Uno tan repleto de guiños a lo retro como de ideas innovadoras, uno de gráficos que huyen del hiperrealismo predominante, uno de duración lacónica y jugabilidad contundente, así como uno en el que tienen cabida todos los géneros conocidos. No importa lo distintas que sean propuestas como la de The Talos Principle, Downwell y Hatoful Boyfriend; todas comparten una personalidad arrolladora y una atención al detalle digna del más prolijo orfebre. Es por esos rasgos por los que el sello Devolver es reconocible, sin importar cuán plural sea.

Cuando descubrí Gato Roboto, un metroidvania protagonizado por un felino a lomos de un mecha, lo asocié inmediatamente a Devolver Digital. Había algo en sus gráficos minimalistas que me recordaba a Minit y Downwell, así como algo en su particular sentido del humor reminiscente de Enter the Gungeon. Quizá no se trate de su exponente más brillante y refrescante, pero el indie de Doinksoft presenta todas las características para encajar en esa constelación de joyas independientes. No me equivoqué; Gato Roboto es puro Devolver.

Doinksoft nos pone en los bigotes de Kiki, una protagonista que comparte nave con su colega humano hasta que ambos acaban estrellados y perdidos en un planeta desconocido. Su compañero queda malherido, así que Kiki se embute en su mecha y se dispone a explorar el laboratorio que contiene la clave para huir. Dicho laboratorio, cómo no, es un pequeño laberinto lleno de secretos y recovecos propios del metroidvania.

Una premisa amable y sencilla que huye de cualquier complicación, quizá como resumen idóneo de lo que es Gato Roboto. Aunque el diseño de niveles y la navegación por los escenarios están pulidos al máximo, no esperéis una reinvención del metroidvania. El laboratorio es asequible, sus secretos no están escondidos con inquina y la exploración se recompensa de inmediato. Kiki no tarda en dominar la situación y el entorno gracias a unas mejoras bastante clásicas, como el doble salto o el dash, por lo que ni el escenario ni los enemigos constituyen un desafío mayúsculo. Tampoco creo que Gato Roboto pretenda que nos perdamos o frustremos con laberintos y combates imposibles. Nada en su humor o su jugabilidad directa apelan a eso.

Este indie es un adorable chupito de metroidvania. Cortito y al pie; una breve sinopsis y una humilde parodia del género. Un Super Metroid comprimido, con lo básico para recordar a la joya de SNES, pero sin aportar novedades de calado. Y con eso basta. Hace con Metroid lo que Minit hizo con Link's Awakening o Luftrausers con los arcades de nave. Como si de un delicioso canapé se tratara, lo empequeñece, sintetiza y honra sin perder un ápice de sabor. Gato Roboto durará una tarde, pero será una tarde feliz para los acérrimos del metroidvania. Si no es vuestro caso, en fin, hablamos de una gatita a lomos de un mecha. ¿De verdad hace falta más? Para los que tengan corazón, Gato Roboto está disponible en ordenadores por 6,59 euros y Nintendo Switch por 7,99 euros.