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Incubo y los fantasmas del maltrato infantil

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No me importa promover los mismos estereotipos de siempre hacia lo indie ni que existan excepciones de valor entre los triple A. Pase el tiempo que pase, sigo pensando que los videojuegos independientes gozan de valentía, libertad y ambición creativas únicas en el medio para tratar temas complejos. Así me lo han demostrado obras como Night in the Woods, una reflexión inolvidable sobre los efectos de la crisis en toda una generación perdida. También títulos más modestos si cabe y con bastante menos repercusión, como el timburtoniano Pinstripe y su relato acerca de un padre que lo perdió todo por culpa del alcohol. Se trata de obras que me conmocionaron sobremanera y que me dejaron un poso imborrable como jugador y persona. Una sensación que volví a experimentar con Incubo, una sorpresa amarga entre tanto indie edulcorado que aborda un asunto tan duro como el maltrato infantil.

La obra de Hehe Gamez está protagonizada por un niño que vive un verdadero tormento desde que su madre se casó con su actual padrastro. Al principio todo iba bien, pero pronto comenzaron las discusiones entre ambos adultos y los correspondientes gritos y vejaciones del padrastro hacia el párvulo. Su situación es muy complicada, puesto que su corta edad le impide comprender del todo qué le ocurre a su nueva figura paterna y qué parte de culpa tiene él. Por ejemplo, nunca ha entendido por qué su padrastro le grita siempre la misma misteriosa consigna: "Tú no eres ella". Un día, sin embargo, les toca un viaje en crucero y su suerte parece cambiar. El padrastro está raro, pero la emoción por el premio evita que el niño le dé demasiadas vueltas, al menos hasta que se sube al barco. Mirando al mar, el joven reflexiona sobre qué le ocurre al marido de su madre cuando, de pronto, alguien (ejem, su padrastro) le empuja al agua. Al recobrar la consciencia, el niño no se encuentra rodeado de agua, sino de fantasmas sedientos de sangre.

Es ahí cuando Incubo arranca de verdad y asumimos el control del aterrado protagonista en un plataformas 2D de desplazamiento lateral. Parece que las olas nos han arrastrado hasta otra dimensión, una pesadilla en la que un amplio abanico de engendros quiere acabar con nosotros. Combinando puzles y plataformeo en sus múltiples niveles, el objetivo principal en Incubo es huir de esa terrorífica realidad paralela con vida. Para ello, será fundamental que los espectros no nos alcancen, o de lo contrario nos aguarda un final verdaderamente crudo. No conviene ensimismarse apreciando los múltiples folclores a los que referencian dichos fantasmas, una de las grandes virtudes de este indie, si lo que queremos es salir con vida del navío. Hehe Gamez no tiene piedad al mostrar al niño sufriendo muertes para las que la etiqueta gore se me antoja insuficiente. Incubo es un relato sobre el maltrato infantil plagado de simbolismo, pero que no duda en asesinar al inocente protagonista con una crueldad inhumana.

El premio por resistir las incesantes acometidas de los monstruos es descubrir paulatinamente una historia colmada de misterio. O, dicho de otro modo, averiguar por qué nuestro padrastro es un ser despreciable. Por su propuesta jugable, su carga simbólica, lo opresivo de su atmósfera, lo duro de sus temas y la poca piedad que muestra hacia un pobre párvulo, Incubo recuerda mucho a otros indies de prestigio como Limbo y Little Nightmares. La comparación es más que razonable, así como una garantía de calidad. Con una ambición muy distinta, Incubo logra replicar con mucho tino la sensación de desasosiego y angustia que caracteriza a los títulos citados. Disponible en Steam por 5,69 euros desde el 1 de febrero y con una demo gratuita en itch.io, Incubo constituye uno de esos juegos que dejan una huella profunda en nuestro corazón de jugadores.