Los mejores indies de 2017, por Israel Mallén

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Ningún aficionado al videojuego olvidará 2017. Ha sido un año delicioso, repleto de recetas videolúdicas de primerísimo nivel. Habrá quien prefiera empacharse de platos fastuosos, esos que solo puede brindar un presupuesto de triple A. Sin embargo, en Solo Indies queremos recordar todos esos pequeños canapés que, tras más de tres centenares de días, todavía dejan un regusto espléndido. El videojuego independiente ha gozado de un año espectacular, con títulos para todos los paladares. Desde el metroidvania hasta el first person walker, pasando por el RPG, todos los géneros han gozado de una propuesta indie que marca un antes y un después en sus estándares.

Pero como suele ocurrir con estas listas, y más cuando las afronta una sola pluma, no todos están representados. Hay grandes obras cuya ausencia os parecerá digna de la blasfemia más soez, por lo que conviene, como mínimo, mencionarlas. Sería injusto obviar el paradigma de Hellblade: Senua’s Sacrifice, que ha modelado un nuevo perfil de indie con el presupuesto de un triple A. Tampoco debemos ignorar la valía de Cuphead, con un trabajo de animación titánico y un reto digno de todos los clásicos añejos a los que referencia. Divinity: Original Sin 2 es el mejor título de rol clásico de los últimos años, con una vasta cantidad de opciones (argumentales y lúdicas) que maravillarán a todo fan del género.

También es la ocasión idónea para ensalzar a todos los indies que, con menos repercusión que los anteriores, han calado en mi corazón de videojugador. Far From Noise, en su sencillez, es una lección vital espectacular, capaz de reclamar el adagio en una sociedad donde impera el allegro hipertrofiado. Tormentor x Punisher es extraordinariamente lacónico y directo, como un disparo de escopeta directo a las entrañas. En Everything no podemos ser una de esas vísceras, pero sí asumir la perspectiva de 3.000 seres en el mejor ensayo filosófico que ha brindado este medio. La última mención honorífica es, como no podía ser de otro modo, para Entiérrame, mi amor. Jamás olvidaré el último audio de Nour en uno de sus múltiples finales; es una lección de periodismo, humanidad y desarrollo de videojuegos.

Y con una lista previa tan potente, el mérito de los siguientes juegos, mis GOTY de lo indie en 2017, se me antoja superlativo.

3º - Hollow Knight

Hollow Knight

Team Cherry creó, en su primer intento, una obra capaz de discutir aquello de que el metroidvania coja el nombre de las sagas de Samus Aran y Simon Belmont. Hollow Knight es el mejor exponente del género en más de un lustro, con un excelso apartado artístico, herencia del mejor Tim Burton. Su planteamiento de la exploración cede todo el protagonismo a la curiosidad y pericia del usuario, que debe cartografiar cada rincón en su mente hasta disponer de un mapa completo. Y eso solo sucede tras decenas de horas de escrutinio exhaustivo del Reino Olvidado.

Empero, Hollow Knight solo regala estampas para el recuerdo. Todo lo demás, en especial su jugabilidad, es mérito del jugador. Tanto para descubrir nuevos senderos como para vencer a los desafiantes jefes finales. Es una obra exigente, pero siempre justa. El menudo insecto al que manejamos goza de una fluidez de movimientos soberbia, por lo que jamás cada fundido a negro y posterior fin de partida depende absolutamente del dueño del mando. Si tuviera que perderme en un lugar del medio videolúdico, que sea en el Reino Olvidado. Extraviarse allí es encontrarse como jugador.

2º - What Remains of Edith Finch

What Remains of Edith Finch

Jamás pensé que el realismo mágico pudiera arrancarse de las páginas con tanta solvencia como lo ha hecho Giant Sparrow, estudio creador de What Remains of Edith Finch. El género que cultivaron Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier o Isabel Allende nunca supo despegarse del papel sin perder parte de su mística por el camino. Al menos hasta What Remains of Edith Finch, la prueba irrefutable de que el realismo mágico puede funcionar incluso mejor en un videojuego.

What Remains of Edith Finch es una oda a cómo se cuentan las buenas historias en el medio videolúdico. Relata la historia de Edith, la última de los Finch, una familia condenada por un sinfín de catástrofes desde que abandonaran Noruega para mudarse a Estados Unidos. Apela al surrealismo más intimista para, mediante la interactividad, contar una historia que solo puede concebirse como videojuego. Tal es su comprensión y dominio de la narrativa videolúdica que, cuando alguien vuelva a comenzar el trasnochado debate sobre si los videojuegos son arte, le mencionaré What Remains of Edith Finch. Como mínimo, será el segundo título que cite.

1º - Night in the Woods

Night in the Woods

Porque el primero siempre será Night in the Woods. No tanto como pieza cultural inestimable, que también, sino como muestra de contracultura, rebeldía y color en una industria muchas veces gris. Night in the Woods es un relato generacional, una crítica magistral a la sociedad en la que ha nacido. Resulta que me habla a mí, un joven con la carrera agonizando y con esperanzas difusas respecto al futuro laboral. Pero también a ti, que tuviste que volver a casa de tus padres tras una emancipación infructuosa. Y, sobre todo, Night in the Woods abraza a todos aquellos a los que, tras un fracaso, nos hundimos en un mar de brea cuyo pegajoso líquido está compuesto por dudas.

La obra de Infinite Fall es crítica con su tiempo y comprensiva con toda una generación perdida. Mae Borowski, su protagonista, es una joven que tuvo que abandonar la universidad y retornar a su pueblo natal, Possum Springs, moribundo y desindustrializado. Ella constituye el reflejo de miles de jóvenes a los que se les ha arrancado la ilusión del pecho y cuyo futuro está pintado con lágrimas en un lienzo harapiento. Los videojuegos no son ajenos a su tiempo, tienen ideología y sensibilidad; son creados por personas. Y la bendita prueba de ello es Night in the Woods, mi videojuego favorito de 2017 —y de siempre—.