¿Qué es ser indie?

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Jonathan BlowVivimos en un tiempo curioso, uno en el que todo es indie. El auge de creadores alternativos como Jonathan Blow o Edmund McMillen impulsó a muchos periodistas a intentar concretar qué abarca el término indie en lo que a videojuegos respecta. Tiende a asociarse el desarrollo independiente con aquellas obras normalmente digitales, baratas y con unos gráficos cercanos a lo retro. Pero eso no son más que etiquetas. Incluso Kojima, pese a gozar de presupuestos millonarios, considera a Death Stranding como un ejemplo de indie development. Quizá esa sea la prueba que mejor refleje lo difuso del desarrollo alternativo. Es un concepto multidimensional, cuya comprensión requiere de una perspectiva holística.

El contenido de los títulos merece atención en este análisis. Pese a los intentos continuados de las tiendas virtuales, lo indie no es un género. Hay obras independientes que son plataformas, shooters, deportivos, RPGs, etc. No existe una serie de temas o características jugables estrictamente relacionadas con los indies. De este modo, tampoco es recomendable tildarlos de “alternativos” en relación a su contenido. Según la RAE, este término denomina a aquello “que difiere de los modelos oficiales comúnmente aceptados”. Suele usarse para hablar de que un videojuego experimental, que rompe con los esquemas de su género o de la propia industria, una concepción más cercana al vanguardismo. En resumen, ni el contenido ni el aspecto gráfico determinan que un juego sea indie.

Otros detalles, como el número de componentes de un estudio, tampoco son fundamentales para concebir un videojuego como indie. El ejemplo perfecto es Hellblade, pues Ninja Theory cuenta con una veintena de trabajadores, cifra poco habitual en el desarrollo independiente, pero eso no impide que se le considere indie. Para Rami Ismail, partícipe en Nuclear Throne, “no es tanto la cantidad de gente como el tipo de gente”. La historia de Senua es la prueba idónea para mostrar que hace ya tiempo que los indies son algo más que garage games.

Rami Ismail

Llegados a este punto, corresponde la perspectiva etimológica y la definición del concepto. En latín, independiente surge de la suma del prefijo de negación “in-”, el de dirección “de-” (de arriba a abajo), el verbo pendere (colgar), y el sufijo “-nte”, (indica agencia, que hace la acción). En su conjunto, el origen latino de independiente hace referencia a aquel que no está bajo la voluntad de otro. La RAE define “independiente” como aquel “que no depende de otro” y “que sostiene sus derechos sin admitir intervención ajena”. Es decir, una persona u organización independientes no están sometidas a más voluntad que la propia. Por lo tanto, serán independientes aquellos estudios que solo dependen de sí mismos en el proceso creativo. Ya sean pequeñas o grandes firmas, la esencia de lo indie, tanto en la música como en el cine o la literatura, pasa por una creación que no responda a fuerzas externas.

Pero es difícil desvincular la libertad creativa de la económica, por lo que conviene reflexionar sobre cómo afecta el dinero en la concepción de un videojuego indie. Uno de los significados asociados a la palabra que nos atañe hacía referencia a los títulos desarrollados sin más financiación que la propia o mediante crowdfunding. Los indies suelen contar con un presupuesto mucho más modesto que el de un triple A y una de las vías de recaudación más populares es la que recurre al micromecenazgo de los usuarios. Así, un indie desde la óptica económica será aquel estudio o videojuego que no depende económicamente de ninguna compañía o multinacional. Eso influye en el resultado artístico en tanto que no hay censura ni condicionantes externos como adaptarse al mercado o no tratar ciertos temas por miedo a perder beneficios.

A mi entender, la definición de videojuego indie surge de la hibridación entre la perspectiva etimológica y la económica. Una obra independiente será aquella que no responda ante terceros en las fases de creación y para la que el único condicionante sea la propia voluntad del autor. Por supuesto, esto será mucho más fácil de aplicar en tanto que haya recursos suficientes, siempre que los mismos no procedan de donaciones de grandes empresas, pues ello supondrá una injerencia más o menos directa en el resultado final. Lo indie no son las mecánicas subversivas, tampoco los apartados artísticos reminiscentes de épocas añejas. Lo indie es la libertad.