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Return of the Obra Dinn: el glorioso regreso de Lucas Pope

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Las fuentes documentales son importantes. Quizá no generen declaraciones que copen portadas, pero son imprescindibles para el periodismo. Casos como el de los Papeles de Panamá se nutren principalmente de una miscelánea inabarcable de manuscritos. No obstante, insisto, solo acostumbran a vender periódicos y revistas en casos muy puntuales, como el ya citado sobre las sociedades opacas. Su importancia es capital, pero no tienen el glamur de los testimonios. Y eso, en un periodismo sometido al vil sátrapa que es el espectáculo hueco, condena a las fuentes documentales al ostracismo.

En los videojuegos pasa algo similar. La comprobación del papeleo apenas sirve, en el mejor de los casos, para ampliar y aderezar lo que se cuenta en el plano jugable. Las cinemáticas o las conversaciones con NPC acaparan el protagonismo. Solo se me ocurre un creador que se desmarque de ese discurso imperante y que sí conceda un papel crucial al papeleo, valga la redundancia.

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Hablo de Lucas Pope, quien ya en el excelso Papers, Please legó un brillante comentario sobre la burocracia, las dictaduras y los discursos de odio. Y lo hizo poniéndonos en la piel de un nimio funcionario, un siervo de la rutina que, gracias a su dominio manejando documentos, podía incluso acabar con la tiranía en la nación ficticia de Arstotzka. Para dar paso a otra, cierto, pero eso no resta un ápice de valor al rol que tienen los documentos en Papers, Please.

Un lustro después, Pope lo ha vuelto a hacer. Su nuevo juego, Return of the Obra Dinn, redefine el concepto de investigación y misterio que estaba asentado en el imaginario de los jugadores. Lo consigue, cómo no, forzando al dueño del ratón y del teclado a que contraste múltiples escritos hasta hallar una respuesta. Implica tiempo y reflexión, como casi todo lo bueno en la vida, pero merece cada segundo que podáis dedicarle.

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Somos la inspectora jefa de seguros de la Compañía de las Indias Orientales, uno de los organismos más beneficiados durante la época colonial, y se nos ha encomendado escrutar el Obra Dinn, un navío extraviado en 1802 que ha aparecido atracado por sorpresa en el humilde puerto Falmouth. Partió a la mar cinco años ha, pero nunca más se supo de él. Ahora, el transporte ha aparecido sin un solo superviviente entre su tripulación o sus pasajeros. Un misterio prometedor, digno de cualquiera de las aventuras de Sherlock Holmes, que Lucas Pope se encarga de enfriar. En Return of the Obra Dinn no encarnamos a un detective de prestigio, a un héroe o a una suerte de elegido; nuestra labor es de peritaje, elaborar un informe sobre lo que allí ha ocurrido para evaluar costes y daños. La llegada al barco invita a pensar que nos aguarda una tarea tediosa, pero Pope pronto nos brinda consuelo y deja claro que en esa embarcación, más que burócratas, somos criminólogos.

La cubierta está poblada de cadáveres, víctimas de quién sabe qué. Nuestra función no es otra que descubrirlo, pero hilvanar pesquisas y llegar a una conclusión no será ningún regalo. La única concesión que hace el título, si es que puedo tildarla así, es mostrar una pequeña grabación al hallar un cadáver gracias a una especie de reloj mágico que posee la protagonista. Así vemos cómo murió y si fue a manos de algún marinero o pasajero, así como empezamos a poner rostro a otros tripulantes. Un libro se abre al finalizar la escena con el fin de registrarla. Hay un apartado para cada uno de los 60 desaparecidos en el que debemos determinar su identidad, cómo falleció y en qué circunstancias (a manos de quién o de qué). Hecho con uno de los viajeros, el siguiente paso es repetir el proceso con los otros 59. Suena aburrido, pero está muy lejos de serlo.

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Cada pasajero tiene sus particularidades y las pistas no aparecen en ningún orden concreto. La libertad de exploración es absoluta y en todo momento podemos consultar varios documentos sobre la ubicación del barco o los integrantes del Obra Dinn. Todos estos ingredientes devienen en una investigación no lineal, en la que quizá descubramos la identidad de un pasajero tiempo después de haber definido las causas de su muerte. O a la inversa. Puede que se nos atragante un caso y, por lo averiguado en otros, hilemos lo ocurrido y hallemos la respuesta. Hay algo verdaderamente mágico en concluir qué le ha sucedido a uno de los cadáveres tras mucho tiempo cavilando al respecto. Y todo ello con poco más que un reloj y cuatro papeles. En Return of the Obra Dinn no hay textos grandilocuentes que lo resuman todo; conectar la historia del Obra Dinn depende por completo del jugador.

Todavía me sorprende haber cedido todo el protagonismo del texto a la jugabilidad. Esperaba juntar la mayoría de letras sobre su apartado gráfico, heredero de la estética del monocromo Macintosh Plus, casi de calculadora, pero en un 3D bastante logrado y agradable. Quizá ahí radique gran parte de su mérito, en que ni siquiera ser resultón en lo audiovisual es suficiente para no redactar párrafos y párrafos sobre Return of the Obra Dinn. Este texto, de hecho, pretendía ser más corto. Pero no he sido capaz de negarle espacio a este título. No encuentro un solo óbice a lo nuevo de Lucas Pope y por momentos me arrepiento de haber eliminado las notas en Solo Indies. De haberlas, de tener que acometer la injusticia que es resumir en un solo número todos los méritos de esta obra, no cabría esperar otro guarismo que no fuera el 10 absoluto, rotundo e inmutable.

Return of the Obra Dinn está disponible en PC y Mac desde el 18 de octubre de 2018 a un precio de 16,79 euros en Steam y GOG, por los 17,55 euros que cuesta en Humble. Los vale. Y mucho más.